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Este sol de la Infancia
Eusebio Calonge
Del 23 de septiembre al 26 de junio
Jueves a domingo a las 21 horas
Entrada 15 €
Jueves día de “paga lo que puedas”
Aforo Limitado a 15 butacas, Se recomienda reservar con antelación.
¶En este recorrido que proponemos por el Teatro de La Puerta Estrecha, convertidos sus rincones en un escenario que a la vez son muchos y en donde el público cruza puertas y pasillos siguiendo la acción de las escenas, pegado a los personajes, van apareciendo retazos de recuerdos y algunos silencios que parecen olvidos pero que sólo son tiempos para reordenar vivencias, olores, imágenes de una vida en su final que Ana Ruiz, madre de Antonio Machado, ya presiente muy cercano, insalvable.
En ESTE SOL DE LA INFANCIA, entrevemos a madre e hijo no desde lo biográfico o lo necrológico sino trashumando momentos desde las dehesas de invierno a las de verano, y viceversa hasta llegar a la última frontera, esa que se cruza sin quererlo, casi sin darnos cuenta, viendo pasar los días que se despiden, dejando el eco, el rumor de otros días.
En ESTE SOL DE LA INFANCIA hay sombras de vida, afanes de otros tiempos, corazones despiertos viviendo y soñando, despertando…
Collioure, última estación
¶Un ser humano en los confines de la vida, es el lugar de estas apariciones, estos jirones de historia. Una historia cotidiana de éxodos, anegada de miedos y tristeza. Una madre que acompaña hasta la última estación de su calvario al hijo, que agoniza junto a él, y muere tres días más tarde. Su fragilidad, el extravío en el propio destino, son los cimientos de este personaje real, Doña Ana Ruiz, que vivió en sus propias carnes, personificada en sus hijos, el trágico desgarro de las dos España.
Con frecuencia los personajes históricos sobre el escenario no pasan de espantapájaros, suele esto ocurrir porque están armados con datos de su biografía más que de su vida.
Lo que en esta obra se intenta no es una narración histórica escenificada, sus márgenes no están contenidos en el tiempo, o acaso lo estén en ese tiempo sin medida ni fronteras en que el delirio, los recuerdos y los sueños, se expresan.
Buscar a cada palabra su silencio, es algo que solo encontramos cuando cada palabra nos habla adentro. En ese eco que llega a nuestra sensibilidad, que nos trasciende, y nos permite habitar en cada sílaba, por un momento. Eso creo es encontrar la vida al personaje, sentir su pulso y su aliento, más que mimetizarnos con su pasado, sus días idos, que fueron los de otro, que nunca sabremos.
Respirar la atmósfera de un tiempo, es entrar en la eternidad de su poética. Y no reproducir la ambientación de una época. Solo siendo sutiles en los detalles nos podremos liberar de ese polvo de polilla que de los acontecimientos se desprende.
Cruzar las fronteras, la de un país derrotado por la guerra, a la par que las de la muerte, fueron las huellas que vine siguiendo para escribir esto, queda ahora cruzar las que llevan del papel al escenario, tanto como decir las que separan al olvido de la memoria, a la sombra de la luz.
Eusebio Calonge
- Crítica
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El viaje a Colliure.
Ir a la pequeña y curiosa sala del teatro de La Puerta Estrecha del barrio de Lavapiés (calle del Amparo, 94) es toda una experiencia. Ir estas fechas a ver Este sol de la infancia, formando parte de esa quincena de espectadores que pueden asistir en cada representación, es una aventura de primer orden. Tanto por la originalidad del montaje (el público es invitado a un viaje iniciático atravesando puertas, estancias, espacios que llenan de congoja) como por el alto contenido poético y el finísimo e imperceptible humor subyugante.
Este sol de la infancia nos habla de éxodos, de perdedores, de exilios interiores y exteriores. Sitúa la acción en la pensión de Colliure (Francia) en la que pasaron sus últimos días Antonio Machado y su madre Ana Ruiz, quien muere tres días después que el poeta. El título de la obra es el último verso del poeta sevillano. Calonge y La Pajarita de Papel no narran hechos históricos. Solo aprisionan la atmósfera de aquellos días dentro de un teatro poético, manierista, sobrio, de profundo calado y magníficamente interpretado.
La Pajarita de Papel ha puesto en escena este texto de Eusebio Calonge, autor de cabecera del grupo La Zaranda Teatro Inestable de Andalucía la Baja. El resultado es de una belleza inquietante y de una creatividad singular.
Rosana Torres - El País
Quince personas se adentran en una casa y la recorren espiando lo que allí ocurre. He visto ejemplos de esto, uno en Parma y otro en Nápoles, muy ligados al aprovechamiento estético de edificios históricos. Algo de vanguardia se ha hecho por aquí también, incluyendo desplazamientos en autobús por la periferia de Madrid. La originalidad consiste esta vez en usar la itinerancia del público en una pieza de texto básicamente tradicional.
Como es evidente desde el título, Este sol de la infancia, la base del asunto es Antonio Machado. Concretamente, la casa en la que, camino del exilio, murieron tanto él como su madre. A diferencia de trabajos recientes, no hay aquí ni crotorar de cigüeñas ni reconstrucción histórica. El mundo poético machadiano se sobrevuela, y la anecdóta vital no es más que el pretexto para otra cosa: no es un texto lineal sino, por decirlo de algún modo, de atmósferas.
Pero el texto es, como siempre en una buena versión escénica, sólo el punto de partida. Oscilando entre el naturalismo extremo de la primera escena y los desarrollos beckettianos/oníricos/fantasmales de las siguientes, Rodolfo Cortizo sumerge al espectador en una sucesión de ambientes (dramáticos, arquitectónicos) cuidados hasta el detalle de la sensación olfativa. Perfectamente interpretada. Más que perfectamente iluminada. Para no perdérsela.
P.J.L. Domínguez, Guía del Ocio.
Eusebio Calonge, nada menos que el afamado letrista de La Zaranda, es quien le pone letra y texto al sentimiento: La terrible soledad y el inmenso desamparo que debieron experimentar Antonio Machado y su anciana madre, Ana Ruiz, llegados a Francia como dos extraños, viejos y cansados, tal vez más el hijo que la madre puesto que murió primero. Resistió menos. Pobres ambos hasta la indigencia, sin tener nada más que a sí mismos, ateridos, sordos a todo porque no comprendían el absurdo que los llevaba hasta allí, durmiendo en una pensión ínfima, mientras huyen de la barbarie de la Guerra. ¿Tendrían dinero para pagar o los franceses con esa elegancia tan suya se lo dispensarían? A veces los franceses sorprenden.
Son temas y circunstancias que se ponen de relieve en esta meditación andada, o peregrinación meditada si se prefiere, por los escenarios de aquella pasión y muerte de ambos, él tres días antes que ella, que ya enloquece del todo por volver a ver al hijo al que supone dando una vuelta, él nunca la ha abandonado y seguro que volverá, además se dejó el sombrero.
La pensión de Colliure que habitaron esos días terribles, y donde ambos murieron, es recreada en todas sus estancias y en sus más mínimos detalles, así como las repercusiones y ecos que allí dentro producían los que llegaba del exterior, particularmente todos los desastres de la guerra, con los huidos ateridos y hambrientos que lograban cruzar, ¿hacia dónde?, o que llegaban de un lugar sin retorno a otro que estaba a punto de desaparecer.
Toda al desolación del siglo XX "entreguerras" se ve en el ambiente de esta pensión humilde que aquí se recrea.
En efecto: Tal vez lo más interesante y logrado de la función sea no ya el texto sino su itinerancia. Una criada con un francés de fuerte acento extranjero, y mucha mala uva, recibe a los huéspedes llevándolos a través de las diversas estaciones de este calvario con la prohibición absoluta de tocar nada: "Aquí está la madre, dormida, y en esta cama de al lado es que velamos al hijo, que murió en otra habitación."
En el patio, por las ventanas de estancias y pasillos, los amados objetos personales de tantos que se van, perdidos para siempre en la huida (zapatos, juguetes), eran bañados sin piedad por el agua abundante que, como entonces en aquel invierno del 39 -todos los inviernos lo fueron, aquél más-, cae sin duelo gracias al atrezzo.
Una belleza de función. Un espectáculo de culto. Se agotaron todas las entradas. Por suerte va a estar hasta finales de diciembre.
María Anunciación Fernández Antón - Noticias Teatrales
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