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Final de partida
Samuel Beckett
¶En Final de Partida se hallan presentes tres generaciones: los viejos, el padre y el hijo encerrados en una habitación sin muebles, bajo una luz grisácea. Dos ventanas dan al exterior, una al mar y otra a la tierra. Tanto de un lado como del otro, todo está ya apagado, extinguido. En el centro de la habitación, en el centro del mundo, está Hamm el padre, ciego e impotente en su silla de ruedas. A la izquierda, sus viejos padres lisiados, Nagg y Nell, en dos cubos de basura sobre la arena que un día fue serrín. En pie, porque no puede sentarse, Clov, el criado, hijo adoptivo. En una lenta agonía esperan un imposible fin del juego, transitando esa “cosa” que sigue su curso y que ya no saben nombrar de tan desgastada e inútil. La convivencia es el núcleo temático de la pieza, pero no como base de una serie de acciones, excitaciones o conflictos, sino en estado puro y desnudo, inmersa en el cristal esterilizado del hastío: una exposición dramática de la situación del hombre y la mujer occidentales.
Hamm, Clov, Nagg y Nell son personificaciones de actitudes humanas fundamentales, al igual que las virtudes y los vicios de los misterios medievales o los autos sacramentales calderonianos.
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