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El Canto del cisne
Antón Chejóv
¶En El canto del cisne, estudio dramático de Antón Chéjov, vemos a una vieja actriz el día de su despedida de los escenarios, al final de una última función benéfica. En la celebración posterior bebe y bebe, quedándose dormida en camerinos siendo dejada allí por todos, olvidada en ese rincón. Cuando despierta, y creyendo ver fantasmas, presencias o ángeles, que vienen a buscarla desde el escenario, recuerda entre luces y sombras sus épocas de actriz de éxito mezclando personajes jamás representados por ella; momentos de euforia y melancolía que la van acercando, como en un juego de espejos, a la verdad última: la muerte.
Llega para ella El canto del cisne en donde por primera vez se atreve a confesar sus vivencias, su miedo al fracaso, el estado de tensión permanente que se vio obligada a ocultar. Las palabras salen como a borbotones, atropellándose unas a otras, sin pararse a pensar en lo que se está diciendo, con el dolor y al mismo tiempo el sentimiento de liberación propio de un ser humano que se está deshaciendo de un peso que oprime el espíritu. Y cuando la tormenta estalla, en vez de admitir su implicación emocional en lo ocurrido, la vieja actriz ve los hechos pasados desde la distancia, como si fuesen ajenos a ella. Pero en ese ritual final, procesión de máscaras y personajes, como si de un carnaval de muñecos rotos se tratara, la vieja actriz montada en una carroza roída por la herrumbre del tiempo, todavía exclama: …”no hay que llorar…donde haya arte, donde haya talento, allí no hay vejez, ni soledad, ni enfermedad… y la muerte misma no vale gran cosa…”
Silencio. Sólo se oye el roce de la hojarasca sobre las viejas tablas del escenario.
En El canto del cisne encontramos una intención deliberada por parte de Chéjov, de despojarse de la mayor parte de convenciones dramáticas establecidas evitando tiempos teatrales y lugares comunes para, poco a poco, llegar al clímax final mostrándonos a la humanidad tal como él mismo la ve: acciones que se vuelven cotidianas con la apariencia de que no existen conflictos internos que nos hagan ir de un estado de ánimo a otro.
- Críticas
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Después de su curioso ejercicio expresionista titulado Calavernario, sobre textos del autor Karl Valentin, la compañía La Pajarita de Papel estrena una versión propia de El canto del cisne, de Anton Chéjov, que mantendrá en cartel hasta finales del próximo mes de junio. En este hermoso "estudio dramático" de Chéjov (1886), en un teatro provinciano, terminada la función, un viejo actor despierta de su borrachera con una sensación de fracaso vital y artístico. Allí, en compañía de un apuntador que pernocta en el teatro, recuerda momentos de su existencia y algunos diálogos de sus personajes.
La adaptación de Rodolfo Cortizo, director también del montaje, convierte al viejo cómico en una actriz y multiplica el juego teatral. "En la pieza nos interesó el recurso del teatro dentro del teatro", dice Cortizo. Y continúa: "Hemos añadido un plano más; en nuestra versión, un grupo de actores ensaya esta obra en un teatro abandonado". En esta línea, La Pajarita de Papel introduce nuevos textos en el diálogo de la actriz, en este caso, con varios interlocutores, a partir de relatos del propio Chéjov y de piezas de Ghelderode y Valle-Inclán. La experimentada actriz Concha Roales- Nieto asume el protagonismo del montaje, secundada por los jóvenes Nicolas Fryd, Violeta Jara y Zé Gonçalo Pais, actores habituales del colectivo. El montaje también emplea algunos muñecos.
"El canto del cisne es un homenaje al teatro", apunta Cortizo. "Pese a su sensación de fracaso, el personaje afirma la continuidad y la vitalidad de su arte", añade el director, que en paralelo a este estreno continúa representando en la misma sala su notable versión de La última cinta de Krapp, de Beckett.
José Henríquez. Guia del Ocio. Teatro y Danza. Del 23 al 29 de abril.
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