MUJERES Y CONFLICTOS
LAS MUJERES COMO SUJETOS DE LAS GUERRAS
Las mujeres en los cuerpos armados profesionales son un fenómeno relativamente reciente (como la existencia de los cuerpos armados regulares en general). Durante toda la historia, las mujeres han participado en la guerra en labores de apoyo y en el combate directo. Tal es el caso de la amazona Myrina (Conquista del reino de Libia, 500 a.C.), Hong Xuannjiao (Rebelión Jaiping, 1851), Me Katilili (Guerra de Independencia de Kenia, 1911), Mulan (Rebelión de los Boxer en China, 1899), la generala Ramona Flores (Revolución Mexicana, 1867) o la comandanta Jeuray Ropa Nhongo (Guerra de Liberación de Zimbabwe, 1966), participantes de ejércitos femeninos o mixtos.
A partir de la creación de ejércitos nacionales regulares, la mujer es excluida en términos más decididos de la práctica de la guerra. Sin embargo, permanecen en funciones de apoyo que van conduciendo a su incorporación formal a ciertas unidades, apoyada por las nuevas tendencias de igualdad de oportunidades y la progresiva incorporación de las mujeres al mercado de trabajo.
La principal razón que el ejército profesional expone para incorporar mujeres es evitar la discriminación. Siguiendo este razonamiento, las Fuerzas Armadas en el Estado Español han presentado una campaña en que se anima a las mujeres a incorporarse. Se exponen como razones la ausencia de discriminaciones salariales y de posibilidad de ascenso que la mujer sufre en el mercado de trabajo. Sin entrar en denunciar la lógica perversa de una institución del estado que utiliza un fracaso de la política para promocionarse, el análisis demuestra que las diferencias existen. En tres países de Europa se admiten mujeres en las unidades especiales y de combate: Dinamarca, Holanda y Bélgica (pero en la práctica sólo en Dinamarca hay 50 mujeres en estas unidades).
Por otra parte, la experiencia de ejércitos de la OTAN que han incorporado hace más de 20 años a la mujer, desmiente que sean espacios donde las mujeres asciendan igual. En Bélgica, desde su incorporación en 1975, ninguna mujer había alcanzado un grado superior al de capitán hasta 1987. En Canadá, desde su incorporación en 1968, ninguna mujer había alcanzado un grado superior al de brigadier hasta 1987. En Francia, donde la mujer se incorporó en 1977, la mayoría son suboficiales, llegando en pocos casos a un grado superior. En todo caso, la mayor presencia de mujeres en el ejército se registra en los EEUU, donde no supera el 9.3% del total.
En la participación de las mujeres en las guerrillas se perciben cambios, su incorporación es mayor y participan en el combate directo (un 30% de las acampadas en la guerrilla del FMLN, un 30% del FSLN en combate y un porcentaje mayor en trabajo de retaguardia, una tercera parte del EZLN). Sin embargo, se mantiene la dificultad para acceder a cargos altos en la jerarquía militar. Por otra parte, la participación de las mujeres en ejércitos no regulares tiene como consecuencia habitual su incorporación a cargos políticos y la creación de organizaciones de mujeres tras el fin del conflicto. También se realizan estudios sobre sus experiencias de guerra y las consecuencias de la misma en su subjetividad y sus formas de vida. Estos estudios contrastan con los llevados a cabo por los ejércitos regulares, que se centran en la eficacia militar añadida o disminuida por la presencia de mujeres (como los estadounidenses MAXWAC: número máximo de mujeres en las unidades del ejército y REFWAC: eficacia de las mujeres en condiciones de combate simuladas).
LAS MUJERES COMO OBJETOS DE LA GUERRA
La población en guerra vive un ambiente de terror en donde los actos cotidianos adquieren una significación distinta. Acciones comunes y corrientes en otros momentos causan la muerte. La guerra genera una escalada ascendente de violencia, polarización y mentira. Las armas son parte integral de la identidad de l@s combatientes y pasan a ocupar un lugar central en la mente y vida de la población. El daño síquico de una guerra de larga duración y magnitud se define como traumatización extrema. Con este concepto se hace referencia a una vivencia traumática producto de la violencia institucionalizada y legitimada por parte de los estados (habitualmente ocupados de defender la vida de la población), que no puede ser entendida porque desborda la estructura mental de l@s civiles. El contenido de la experiencia traumática parte de un contexto social que ocasiona la ruptura de las estructuras sociales y privadas cotidianas y provoca la desintegración de las relaciones de convivencia normales durante una época de paz. La población civil sufre las consecuencias del enfrentamiento militar sin posibilidad de defenderse, las políticas de exterminio van dirigidas a ella y sólo pueden confiar su defensa al ejército o huir. Las guerras actuales tienen un promedio de un 90% de muertes civiles.
La mayoría de las mujeres que ven sus derechos humanos conculcados, en el marco de la guerra, son civiles que no participan activamente en el conflicto. Al multiplicarse las situaciones bélicas en todo el mundo, los gobiernos se han mostrado incapaces o poco dispuestos a impedir las violaciones de los derechos humanos, a las que las mujeres son especialmente vulnerables, y a veces ellos mismos han participado activamente en su comisión.
Las agresiones sexuales se multiplican como táctica militar de alta eficacia: para provocar el terror en la población y obligarla a huir, para dañar la moral del ejército enemigo, para torturar a las mujeres del ejército contrario. Pero la agresividad sexual es también un componente de la preparación militar y no sólo la sufre la mujer enemiga. El ejército japonés obligó a más de 200.000 japonesas a prostituirse durante la Segunda Guerra Mundial, eran esclavas sexuales a las que se torturaba y violaba. En 1999, el gobierno de Japón reconoció la verdad de la denuncia, pero se negó a indemnizarlas y a asumir su responsabilidad jurídica.
En 1995 tres marines de la base estadounidense de Okinawa fueron entregados a las autoridades locales por el secuestro y violación de una estudiante de 12 años. Y es que la presencia de tropas de las bases militares estadounidenses ha sido determinante para el desarrollo de la prostitución infantil en Asia y América Latina. Otros uniformados mantienen la tradición. Desde 1994 el profesor tailandés Vitit Muntarbhorn denuncia a los cascos azules, que en Camboya se dedicaban a explotar sexualmente a las niñas locales y en Mozambique buscaban los servicios de las niñas víctimas de la prostitución. En las recomendaciones de su informe pedía la capacitación y reeducación de los cascos azules en misiones de mantenimiento de la paz para evitar los abusos y explotación de las niñas. Kofi Annan, que en ese momento dirigía las operaciones, hizo caso omiso a las recomendaciones y fue nombrado posteriormente Secretario General de la ONU. El responsable de las operaciones en Camboya, Yasushi Akashi, justificó a los soldados que violaban niñas: "¡Y qué quieren que hagan si son hombres!". En 1995, en Yugoslavia, un grupo de refugiad@s musulmanes denunció a los cascos azules holandeses de prostituir a niñas de catorce años por un paquete de cigarrillos. La organización internacional de protección a la infancia Terre des Hommes denuncia que la violación de menores forma parte de los procedimientos de tortura contra la población civil y está directamente relacionada con la prostitución posterior de niñas y niños. Las investigaciones de esta organización permitieron comprobar que "lo más grave de la explotación sexual de la infancia es que también la han hecho soldados de las fuerzas de paz de la ONU". La organización Nouvelle Famille advirtió que en Camboya se había producido un dramático aumento de la prostitución infantil desde la llegada en 1991 de 20.000 cascos azules. Además, la explotación sexual de menores continuaba en Tailandia y Filipinas, extendiéndose hacia Camboya, Vietnam y Laos. Los clientes son, después del mercado abierto por los cascos azules, la población local y hombres occidentales que acuden a estos países como turistas sexuales. Graça Machel, que fue la primera ministra de Educación de Mozambique, elaboró en 1996 un informe para la ONU sobre las repercusiones de los conflictos armados en la infancia. Marie Heuzé, portavoz de la UNICEF en Ginebra, señaló la responsabilidad de la ONU al mantener en secreto 27 anexos del informe de Machel que incluían las evidencias sobre la implicación de los cascos azules en violaciones y prostitución de menores. Incluso se conocía un dato: los soldados italianos pagaban en Mozambique un dólar (160 ptas.) por niñas de 12 años.
Decenas de miles de mujeres han sido violadas durante los conflictos en la antigua Yugoslavia. La violación a mujeres indígenas es utilizada por el ejército mexicano destacado en Chiapas como arma de guerra. El psiquiatra Luis Rojas Marcos se pregunta: "¿Ofrece la guerra la excusa perfecta para que los hombres den rienda suelta a su desprecio total por las mujeres?"
LA MUJER TRAS LA GUERRA
Más del 80% de las personas refugiadas y desplazadas por conflictos bélicos son mujeres y niñ@s. En contacto constante con las epidemias por ser las que manejan el agua y se ocupan de la higiene y el cuidado de la gente enferma. Tratadas como niñas por la organización internacional de turno (solamente son recompensadas con alimentos si se portan bien), que discrimina a las mujeres que se intentan organizar políticamente o que simplemente no pertenecen a la etnia correcta, organizaciones que revenden los productos de primera necesidad a las mafias organizadas. Acosadas por la violencia de las incursiones de los grupos en conflicto y por los propios funcionarios del campo, la amenaza de la violación es constante. La vida en un campo de refugiados/as supone la pérdida de la identidad individual y el control de la propia existencia, unidas a la humillación de la dependencia.
Las organizaciones internacionales han criticado la falta de una política de género en las situaciones de emergencia y ayuda humanitaria. El no tomar en cuenta a las mujeres y la división sexual en las naciones a las que estas organizaciones acuden, tiene consecuencias muy negativas. En el registro de la población del campo se suele inscribir a los hombres cabeza de familia, excluyendo a las mujeres del acceso y gestión de los recursos, las necesidades específicas de salud ginecológica se obvian y no se contempla que las embarazadas necesitan más alimentos.
Estas mismas organizaciones internacionales plantean soluciones que, en varios casos, demuestran su incapacidad para actuar sobre ciertos problemas. Por ejemplo, en el caso de las agresiones sexuales en los campos de refugiad@s, las organizaciones plantean la necesidad de ayuda psicológica y servicios contraceptivos. Soluciones cuando el daño está hecho, que no toman en cuenta el riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual (y sobre todo el SIDA), que nunca contemplan el derecho de las mujeres a la autodefensa, a tener armas y organizar la seguridad.
Informes sobre Camboya, Somalia y Angola revelan que las muertes y accidentes ocasionados por minas son sufridos mayoritariamente por mujeres. Además, muchas de estas mujeres heridas son luego repudiadas por sus maridos, y lo mismo ocurre a las mujeres violadas. Las políticas de bloqueo económico provocan que los gobiernos afectados recorten las prestaciones a quienes menos poder tienen: otra vez las mujeres.
Sin embargo, la capacidad de las mujeres para recuperarse y emprender una nueva vida tras el conflicto es cada vez más reconocida y ellas mismas luchan porque se las vea no como víctimas sino como participantes activas en los proyectos de reconstrucción.
MUJERES CONTRA LA GUERRA
En 1915, más de 1000 sufragistas se reunieron para denunciar las causas e intereses de las guerras. Del encuentro surgió un NO rotundo a la Primera Guerra Mundial y se creó la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (Womens International League for Peace and Freedom, WILPF). En 1999, es la mayor organización de mujeres contra la guerra, con 44 países representados y sede central en Ginebra (Suiza), y continúa denunciando que las guerras se deben "al militarismo, el racismo, la discriminación, el intervencionismo y las diferencias en el reparto de los recursos mundiales".
Su primera presidenta fue Jane Adams, primera mujer Premio Nobel de la Paz, y defienden la objeción fiscal a los gastos militares, la conexión de la violencia desde el ámbito doméstico al internacional y "un entorno de libertad política, económica, social y psicológica" que concretan en 5 puntos:
igualdad en un mundo libre de sexismo, racismo, clasismo y homofobia,
garantía de los derechos humanos, incluido el derecho a un desarrollo sustentable,
fin de todas las formas de violencia: violación, explotación, intervención y guerra,
transferencia de los recursos militares para necesidades humanas,
desarme mundial.
Sus programas y campañas incluyen los derechos de las mujeres, la educación para la paz, el desarme, el fin de las intervenciones de los EEUU, la justicia racial y la justicia económica.
Alrededor del mundo, las mujeres se organizan contra la guerra: Madre Jones (Mother Jones), Acciones de las Mujeres para nuevos caminos (Womens Acctions for new Directions), Organización de las Mujeres por el Medio Ambiente y el Desarrollo (Womens Enviroment and Developement Organization), Cuatro Madres: un movimiento israelí par la paz (Four Mothers: an Israeli Peace Movement), Mujeres del Tercer Mundo (womewn3rdworld),...
En marzo de 1994 se celebró en París el I Encuentro Internacional de Madres que Luchan. Debatieron durante tres días madres de desaparecidos de varios países de América Latina y del Sahara, madres que denuncian crímenes ecológicos en Ucrania, madres contra la mafia en Italia y contra el fascismo en Israel, contra la guerra en la ex Yugoslavia y la represión en Palestina, madres españolas de insumisos y contra las cárceles, y concluyeron que Ya que hay quienes con tanta eficacia hacen muerte, nosotras como mujeres hagamos vida.
Con respecto a la guerra, el trabajo desarrollado por estas organizaciones se centra en la crítica al modelo económico que propicia el fomento de las guerras locales en beneficio de los fabricantes de armas y otros intereses ajenos al desarrollo de una sociedad civil basada en la solidaridad, la igualdad, la libertad, el respeto al medio ambiente y la defensa de los derechos humanos, camino inevitable para la consecución de la convivencia y la paz. Denuncian la manipulación del derecho de los pueblos al uso de la lengua y los rasgos culturales, exacerbando los nacionalismos como forma de control político. Defienden el derecho a la objeción de conciencia y la deserción, al refugio, al asilo y al libre regreso al país de origen, a la verdadera libertad de expresión y el derecho a una información veraz y no manipulada, a exigir el castigo de todos aquellos que hayan ordenado o cometido crímenes.
Sólo las mujeres se han enfrentado, con todas sus consecuencias, a la impunidad que sigue a los crímenes de guerra. Las Madres de Plaza de Mayo han sido el ejemplo universal desde Argentina con una organización que lleva funcionando más de veinte años y tiene grupos de apoyo en las principales ciudades de América Latina, Europa y varios lugares de EEUU. Mujeres de Negro, desde la antigua Yugoslavia, suman su trabajo contra la guerra y sus atrocidades. El pasado 24 de mayo, miles de voces de mujeres se unieron a ellas para celebrar, entre amenazas de bombardeo, el Día Internacional de las Mujeres Contra la Guerra.
BIBLIOGRAFÍA
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Documento realizado por Amnistía Internacional para la IV Conferencia de la Mujer celebrada en Pekín en 1995, recogido en Mujeres del mundo. MEC/MAS/Instituto de la Mujer, 1996.
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ROVIRA, Guiomar. Mujeres de maíz. Ed. Virus, Barcelona, 1996.
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