“¡Éstas sí son tutorías!”, a cargo de Paula Domanico

 

Antes de empezar quiero agradecer a mi amiga y compañera Charo Bielsa. Aunque suene copiado, "sin ella hoy no estaría aquí", y menos aún podría contar lo que hemos hecho juntas. Más que nada porque Charo tiene esa gran capacidad de escucha y de ver… Ha sabido que esta experiencia ha sido significativa para mí y me ha apoyado para que esté aquí… y eso supone el sostén concreto de días de charlas y encuentros. Tiene la capacidad de orientarme y señalarme lo que es preciso… ¡Gracias, linda!

 

También quiero agradecer a las chicas y chicos que están esta tarde aquí.  Hoy han preferido venir a escuchar, pero saben que cuando lo deseen pueden tomar la palabra. Sabéis lo contenta que estoy de que estéis aquí!!, por eso quiero agradeceros, por haberme permitido estar junto a vosotras en esta experiencia tan bonita.

 

La charla la he titulado "¡Éstas sí son tutorías!".

 

Casi al finalizar el curso pasado, Charo y yo nos juntamos un día con Raquel Martín, Juan Cantonero y Milagros Montoya, integrantes de La Historia verdadera, y charlamos sobre la experiencia de las tutorías. Les conté que uno de los chicos, en la sesión de cierre, había dicho "éstas sí son tutorías", y Mila lo vio claro… Si alguna vez contábamos esta experiencia tenía que llamarse así. Por eso, cuando Raquel me preguntó cómo se titularía la charla, ni lo dudé.

 

Charo era la tutora de un excelente y brillante 3ro. C  y yo la mediadora del instituto. Nos conocíamos, pero empezamos trabajando juntas por un interés de Charo de ayudar a los chicos y a las  chicas en el aspecto académico. Ella me preguntó si quería echarle una mano y, así, surgieron tutorías vinculadas a la organización, administración de tiempo y distractores a la hora de estudiar. Fueron tutorías divertidas y productivas en donde los chicos y chicas eran protagonistas de sus procesos.

 

Al finalizar estas tutorías y después de una charla de COGAM, la clase pide más y le comentan a Charo sus deseos de hablar de sexualidad en las tutorías. Ella acoge la propuesta y les pregunta (de forma anónima): ¿Qué es la sexualidad?  y ¿qué quieren saber sobre sexualidad?

 

Una mañana en la sala de profesores me propone participar con ella… Fue una sorpresa y lo recuerdo con mucha ilusión, pero, al mismo tiempo, dudaba de mi capacidad… Lo sentí y viví como un reto personal, y profesional. No era un tema que "controlara" y no sabía cómo abordarlo, ni cómo las chicas y los chicos estarían dispuestos a hablar…

 

Recuerdo que la primera vez que tomé mis apuntes para dar esta charla, con tanta ilusión que tenía…, escribí "riesgo" personal… en vez de "reto". Sin que esté aquí mi psicoanalista puedo decir que sé que no me sentía "segura" ni "capaz" de poder sostener una propuesta de este tipo…

        

Decidí correr ese “riesgo”, porque intuía que se abría una puerta. Parte de mi desafío fue “cambiar mi mirada”. Fue un desafío constante que significaba preguntarme y volverme a preguntar… ¿qué quieren?, ¿qué necesitan? Fue un “riesgo” porque me supuso cambiar “mi saber” por mi intuición, mi compromiso de estar a la escucha de lo que las chicas y chicos querían, de sus deseos, y también mi disponibilidad para estar acogiendo lo que surgiera. Una oportunidad de hacer algo distinto; donde ellas y ellos piden, proponen y nosotras, acogiendo ese deseo, les devolvemos la creación de un espacio. Un espacio de intercambio y de escucha que supone reconocer lo que son y lo que quieren decir y lo que quieren callar….

 

Para mí hubo un corte, un cambio radical que marca dos momentos. Un  primer momento en el que hay un objetivo claro, que está centrado en un interés del Centro, que  es el rendimiento académico. Y en el que yo participo aportando “herramientas” que sirvan para mejorar ese rendimiento. Es decir, el objetivo está definido de antemano y es específico. Y nace desde fuera. Se propone y ellas y ellos lo aceptan.

 

El corte ocurre cuando las chicas y chicos piden dedicar el espacio de las tutorías para algo que ellas y ellos quieren, desean… Ahí es donde cambia mi perspectiva. Porque ellas y ellos piden, proponen y lo hacen "confiando" en que se les escuchará… ¡Y ese es mi gran desafío!, pensé yo…

 

Me animo a estar teniendo claro que quiero darles un lugar y ponerme a la escucha de sus deseos, miedos, dudas, sensaciones, sentimientos… y estar ahí para compartirlo y reflexionar… Este corte tiene que ver con colocarme en otro lugar, donde no tengo que agarrarme al “saber” o a lo que puedo darles…, sino estar a su lado para escuchar y dejarme llevar a partir de lo que ellas y ellos tienen para decir y de lo que va surgiendo..

 

Siempre sentí que las relaciones con las chicas y chicos son un “ida y vuelta” que fluye, que me aportan perspectivas, ideas, vivencias, energía, etc. Pero esta experiencia fue clave para mí porque pasé de un lugar, ya conocido y bastante explorado, en el que “daba” (ideas, estrategias, etc.) a otro, bastante desconocido, en el que la escucha era lo primero y no solo la de ellas y ellos, sino también la mía. Fue vivir algo desde “dentro”: preguntándome, cuestionándome y reflexionando a la par de estar ahí a la escucha de las chicas y chicos.

 

Era un espacio de cuidado y aceptación donde cada una podía hablar…

 

Así entendí, en parte, lo que significaba el “partir de sí”, hablar desde mí misma, en primera persona, contando cómo lo viví y sentí en ese momento… Luego, al escribir estas líneas, lo terminé de entender… y creo que me falta mucho por andar… “introspección”… Significó estar conectada conmigo misma… observándome, escuchándome, sintiéndome…

 

 

El corte supuso también cambiar mi forma de ver a las chicas y chicos… Si en un primer momento yo daba, era porque a ellas y ellos les “faltaba”. Pues este cambio tiene que ver con cambiar esa mirada y centrarme en lo que hay, en lo que las chicas y chicos tienen para dar. En reconocer que tienen ideas, propuestas e intereses, que tienen cosas importantes para decir y para dar y que quiero estar ahí y que me gusta estar al su lado escuchándoles… Y para eso necesité cambiar mis gafas…

 

Por eso el corte supone cambiar mi perspectiva, mi forma de verlas y verlos, mi forma de estar en relación con ellas y ellos…

 

Eso implicó cambiar la oleada de discursos repetitivos…, lo que siempre se oía, las quejas que miran lo “mal que está todo”, centrándose en lo que “falta”… y ver lo que hay, lo que las chicas y los chicos son y desean, dar el espacio para que aparezca y ponerlo en el centro.

 

Eso me supuso la oportunidad de escucharlas/os y de concretar mi deseo, que siempre estuvo, de hacer algo con sentido para ellas y ellos. Solo hacía falta confiar…

 

Por eso, pienso que sin confianza este corte no hubiera sido posible. Confiar en mí, por un lado. Confiar en mi intuición, en un primer momento, y luego en mi intención. Nunca pensé que esta palabra, “intención”, podía ser tan importante..- Pensé que era una palabra “coloquial” hasta que me di cuenta del potencial que llevaba consigo: parte desde dentro, desde mi más interno y que es el motor que me impulsa…

 

Por eso, mi “intención” fue el sostén: tenía claro que podía arriesgarme a algo desconocido pero no estaba ciega, había algo dentro mío que me guiaba. ¡Y lo escuché! Partiendo de mi intención, confié en escuchar para saber por dónde ir y confié en dejarme llevar sabiendo que era una buena forma de aprender. Confié en la agudeza para escuchar los deseos de las chicas y chicos, en la capacidad para plantear ideas que se ajusten a sus necesidades y en la capacidad para reflexionar, mirarme y reajustar el camino.

Confiar en hacer cosas distintas a las que había hecho…

 

Y fue así también porque no estaba sola. Confié en Charo, en la relación que creamos y en lo que surgía de nuestra relación.

 

Por otro lado, estuvo la confianza en las chicas y chicos. Lo primero fue confiar en que saben, y que saben mucho de lo que quieren, y darles el espacio para que eso ocurra... Confié en su propuesta, en su interés mantenido, en su capacidad para aprovechar y disfrutar el espacio, para reflexionar, mirarse y disfrutar de lo que surgía.

 

Incorporamos la escritura desde un primer momento a la experiencia para poder "nombrar" lo que iba pasando. Recuerdo que en el primer registro Charo escribió:  "Paula me dio dos besos y ahí empezó esto”...

 

Lo había hecho por el libro que me había dejado: "El amor y la sexualidad en la educación" (libro que sigo haciendo circular entre mis amigas y compañeras de trabajo).

Sus palabras le dieron forma a muchas ideas y pensamientos míos…, fue la puerta de entrada. La inauguración de esta experiencia, para mí.

 

 

Para empezar decidimos dar respuesta a las dudas y preguntas de las chicas y chicos. Organizamos una sesión llamada "mitos y verdades". Para desarrollarla contamos con la colaboración de Enrique, un profe en el que confiábamos, para llevar a cabo la sesión con los chicos. Charo y yo estuvimos con las chicas.

 

La sesión comenzó con una ronda en la que cada una decía qué necesitaba para estar en confianza, a gusto y participar: hablaron de mantener lo que se dice en el grupo, de respetar las opiniones,  de no sacar de contexto lo que se comenta, de evitar burlas o comentarios en pequeños grupos. Y este “rompehielos” fue casi lo más valorado del encuentro.

 

Esta experiencia fue un paso en mi inmersión en la pedagogía de la diferencia sexual. Yo, claro está, no lo sabía, pero había sido una idea clara que había marcado mi vida y mi forma de estar en el mundo. Siendo mujer.., y a partir de este lugar, estableciendo relaciones…

 

Recuerdo que, cuando llegué a España, empecé a escuchar miles de cuestiones vinculadas a la igualdad…, y a mí eso no me sonaba de nada… Me encantaban los debates con mis compis del master sobre este tema, que generalmente iniciaba yo, porque yo no quería (ni quiero) la igualdad.., no me gustaba…, yo no quería que me dijeran lo que tenía que hacer para “valer” más.., simplemente porque para mí el ser mujer no era un más ni un menos…, era y es una forma de estar en el mundo…

 

Intuyo que, en esto, mucho tuvo que ver mi madre, que es una gran mujer, luchadora y creadora!

 

Repensándome fue como pude, a parte, ver la diferencia como un más.., como una complementariedad y no como una oposición… Como una forma de estar en el mundo, de verlo y de ser… Y creo que estas gafas, las de la diferencia, me ha permitido acoger lo que los chicos y las chicas traían reconociendo su punto de partida…

 

Y eso, claro, fue una inauguración conciente…, porque simbólicamente fue mi bautizo de esta forma de estar en relación con las chicas y los chicos…

 

Y como la diferencia es algo que nos define desde un comienzo.., eso supuso estar en el aula reconociendo mi lugar de mujer. Y pensando, sintiendo y hablando desde mi lugar de mujer.

 

En el grupo me sentí muy a gusto; eran casi todas chicas… Había momentos que me hacían retrotraer a mi adolescencia, y más allá del paso del tiempo pensaba (y sigo pensando) que tenemos muchas cosas en común: deseos, preocupaciones, miedos, formas de ver la vida… Pude sentir cómo ese ser mujer, esa diferencia, nos atraviesa..

A mí siempre me gustó charlar.., me pasaba horas y horas de charla con amigas.. Y es una cosa que me sigue gustando… ya veis.., estoy aquí, hablando con mujeres… Y sentí que las tutorías acogían ese deseo de escucharse , de compartir… y de hablar desde una misma; sabiendo que la otra está ahí.., te valida más allá de cómo puede verlo y vivirlo.., y eso entre las chicas surgió  en la primera sesión… Porque ellas valoraron esa necesidad de confianza y cuidado (respeto) entre ellas como lo primero.

 

Después de la primera sesión charlamos y nos cuestionamos… Queríamos un espacio de intercambio, una propuesta abierta. También hablamos de nosotras…, de cómo nos sentíamos personalmente y con las chicas y chicos. Siento que nuestra relación sostuvo nuestro camino; por eso la relación con Charo fue un punto esencial…

 

Desde un primer momento tuve interés por aprender de ella y junto a ella. Mi primera sensación fue que puso palabras, de forma clara y consistente, a ideas que yo tenía y sostengo. Me quedó más claro cuando leí algo de Sofías, y de las sabias de esta casa.., y tiene que ver con la “autoridad”; esa que surge estando “en relación”, que se reconoce en la otra. Por eso, yo siento que ese reconocimiento de autoridad mutua fue el sostén de todo lo que surgió. Esto también me sirvió para pensarme en relación.

 

Y llegué a darme cuenta que es mi mejor manera de “estar”, de “ser” y de “funcionar”. Cuando hay una otra, porque generalmente es mujer, es el sostén que necesito para poder pensar en voz alta. En ocasiones, sólo la presencia de la otra me permite, me invita a confiar y buscar caminos posibles… Es como si la otra me ayudara a descubrir ideas y sensaciones que sin su presencia no sé si aparecerían…

 

Y hoy estando aquí, en “Entredós”, leía algo que resume un poco lo que he sentido y lo que quiero contaros: “La creación suele suceder en relación. En relación dual de intercambio; en Entredós, alguien en realidad echa una semilla que tu recoges o no recoges” (María Milagros Rivera Garretas).

 

En esta experiencia, aprendí a respetar y a valorar los silencios y el nivel de implicación y de participación de cada una/o. Cuestionando el modelo aprendido, y repetido en el sistema educativo, en el que las alumnas y alumnos tienen que decir  y comentarlo todo con las y los adultos; y si no hablan es que el tema no interesa... Hubo encuentros en los que muchas chicas y chicos no han hablado, pero siento que se han llevado el “escuchar” a sus compañeras y compañeros… Y esto es así, porque recuerdo registros que hablan de esto…. Del gusto de escuchar experiencias y opiniones de sus compañeras y compañeros, muchas veces desconocidos… Y siento que esto también ha sido un “bonito y gran” aprendizaje para ellas y ellos.

 

Un alumno escribió: (…) la clase me pareció interesante ya que al estar con un grupo, al decir ellos sus opiniones, sabía lo que sentían ellos, que podía ser algo diferente a lo que siento yo. Oía sus cambios y todos eran cosas que me gusta aprender de los demás.

 

 

 

Algunas de las preguntas que usaron de guía fueron….

 

-En las relaciones o momentos en que me he sentido querid@, ¿cómo lo he sabido? ¿Qué sensaciones e ideas asocio al “querer”?

 

-¿Qué valor o significado le doy a lo “femenino” y a lo “masculino”?

 

-¿En qué experiencia, que recuerdes, ha sido significativo ser “hombre” o “mujer”? ¿Por qué?

¿Qué es para mí ser hombre o mujer? ¿Qué significado tiene o ha tenido en mi vida?

 

- Cuando te ha gustado alguien o te has enamorado, ¿cómo lo has sabido? ¿Qué cambios reconoces en ti? ¿Y en los otros?

 

-¿Puedes hacer una lista de hechos, palabras, sensaciones, comportamientos,… que te hacen sentir libre en una relación? Y, puedes hacer otra de hechos, palabras, sensaciones, comportamientos,… que no te hacen sentir libre en una relación?

 

 

En las sesiones las chicas y chicos hablan de situaciones en las que les ha gustado alguien, de cómo viven y sienten los cambios que se producen, de cómo cambian las percepciones (a veces centrándose en la otra persona) y de lo bonito de compartir el sentimiento con la otra persona. Hablan de cuando alguien les gusta de aspecto y de interior, de las dificultades que ven a la hora de expresar y comunicar los sentimientos… Cuentan  cómo les afectan los cambios de “enamoramiento”… Intentan precisar sobre el “gustar” y el “estar enamorad@”... Muchas piensan que es lo mismo, otras ven una diferencia, aunque algo sutil, que les cuesta expresar… Comentan sus valores y deseos… mencionan palabras como “sinceridad”, “confianza”, “buen trato”, “sentirse queridas”… Dicen que saben cuando se han enamorado porque no dejas de pensar en ella. Al estar cerca de ti, te sientes a gusto, te pones nervioso, te entran mariposas en el estómago, la miras de reojo, te arreglas más y te vistes mejor, intentas llamar la atención…

 

Cuando se enamoran cambia en su comportamiento: se vuelve “tontillo” (…)  pasas de los demás, mejoras tu forma de ser (dejas de escupir, no haces comentarios groseros) (…) Está mirándola todo el rato, se ríe ante cualquier comentario que haga, aunque no tenga gracia… Cuando un amigo o amiga se enamora está más pesado/a pero también más alegre.

 

Además, esta experiencia, me supuso cuestionar, otra vez más, el lugar del saber... Sentí que en esta experiencia ellas y ellos fueron protagonistas de su propio proceso y nosotras escuchamos, devolvemos y guiamos. Eso significa que ellas y ellos saben y saben lo que quieren y por eso hablan desde su saber…, están en primer lugar, y en primera persona, hablando desde ellas mismas y deciden de qué quieren hablar, hasta dónde quieren reflexionar o cuestionarse y guiando las sesiones a partir de sus intereses y deseos. Siento que fueron protagonistas porque ellas y ellos fueron quienes le dieron sentido al espacio, porque siento que tuvieron libertad para elegir su camino y nosotras estábamos al lado para guiar, escuchar y devolver. Pero el centro eran ellas y ellos.

 

Y cuestionar el lugar del "saber" significa darle una vuelta a la estructura simbólica del sistema educativo como reproducción de sistemas jerárquicos, en donde las profes sabemos y damos a las y los alumnas que no saben y que tienen que recibir…. Colocándolos así en un segundo plano, generalmente abajo, inferior, para marcar la distinción…

 

Dedicamos dos sesiones al cierre. Fue allí cuando uno de los chicos gritó aquel: “Esto sí son tutorías!”, que tanto ha marcado.

 

Les mencionamos la posibilidad de publicar la experiencia, y estos son algunos  de sus comentarios:

 

“Me han gustado mucho las tutorías de esta última evaluación, sobre todo, la última tutoría porque expresamos cada uno como habíamos “vivido” todas las tutorías anteriores. Yo pienso que debe de haber en todos los institutos y colegios unas tutorías como las que he vivido yo este año”

 

Alberto

 

 

“Todas las sesiones fueron divertidas. Sobre todo porque me lo pasé muy bien y cogí más confianza en el grupo. Hicimos cosas diferentes. La idea que dio nuestra tutora me pareció fantástica. Para que sepan como hicimos nuestras tutorías a diferencia de otros cursos”.

 

Mayra

 

 

“Quería decir primero que las ideas han estado muy bien y que esta vez se podría decir que la imaginación ha volado.

También quería comentar que me reí mucho, que es bueno de vez en cuando reír.Esto nos ha servido para reflexionar y pensar sobre aspectos que serán importantes en nuestra vida y que yo creo q eso ayudar a mejorar.”

 

Hajar

 

“Yo pienso que sería estupendo hacer un libro con nuestras experiencias en tutorías. Podríamos ayudar a profesores que no saben que hacer con sus alumnos. Nosotros hemos aprendido muchas cosas que han sido muy útiles y seríamos malos si prohibiéramos a otros alumnos de las estupendas experiencias que hemos vivido en tutorías.”

 

Soraya

 

 

“A mí me gustaría que se publicaran estas sesiones de tutoría, porque me ha gustado mucho lo que hemos hecho, nos hemos reído mucho y hemos aprendido mucho. Creo que estas tutorías han ayudado al grupo muy positivamente, hemos perdido la vergüenza, hemos cogido confianza entre todos y con esto hemos perdido el miedo a contar nuestras historias y/o problemas (…) Lo que más me ha gustado es cuando hemos representado las historias en el salón de actos. Han sido las mejores tutorías que he tenido en este instituto y me lo he pasado genial.”

 

Patricia

 

 

“Me han gustado mucho las sesiones que hemos hecho en tutorías (…) Sin embargo en este curso he visto mucho interés por hacer de las tutorías una asignatura que sí importe, y se ha conseguido. Un ejemplo de esto es que aunque no es evaluable, la gente se preocupa por ella. Y esto es un gran logro, porque muchas veces se trabaja solo por la recompensa (material, de nota…) y aquí la recompensa era la simple satisfacción de hacerlo (…) Uno de los puntos en que más se ha mejorado es en la confianza con el grupo. Se ha intentado que todos acabáramos hablando con todos, y según avanzaba el curso, he visto que cada vez resultaba más fácil comunicar sentimientos al grupo. Además, como siempre se ha seguido la línea del respeto, opino que nadie ha llegado a sentirse incómodo o avergonzado. Algo interesante que se ha llegado es dejarnos trabajar varias veces por nuestra cuenta. Ahora tenemos mucha más capacidad para trabajar solos, y esto es algo que nos va a ayudar en el futuro (…) Refiero a todo esto, y a otros aspectos como valores, saber escuchar, etc. (…) Por supuesto hay que citar el enorme esfuerzo de Charo y Paula. Nos han hecho mantener la atención en todo momento, y se han preocupado mucho por que las clases fueran productivas.”

 

Aída

 

 

Para terminar, me gustaría contaros por qué he querido contarla esta experiencia. Fue la primera pregunta que me hice cuando me di cuenta de que tenía verdaderas ganas de hacerlo: quería saber por dónde iba mi deseo…

 

Sé que la experiencia supuso un gran aprendizaje y un punto de partida. Sé que implicó un cambio en mi forma de estar con las chicas y los chicos, reconociendo sus intereses y acogiendo sus deseos, escuchándoles sabiendo qué necesitan y que quieren hablar desde ellas y ellos (no ser hablados por otras y otros); había confiado en mi intención y, más allá de poder mejorar, había desarrollado mi escucha, había reafirmado mi gusto por estar “en relación” con otra mujer y me había arriesgado a hacer algo diferente…

 

Por eso quería contarlo desde mí, partiendo de mí misma.

 

El “partir de sí”, que en un principio tuve que despegar de la idea de “egoísmo”, para disfrutar hablando desde mí con de el peso de “hacer mundo haciendo mundo”.

 

Siempre he intentado hacerme un hueco en las instituciones en las que he estado, para encontrar mi lugar y hacer un lugar allí a lo que soy y creo. He intentado aprovechar esos lugares que ocupé, y me he hecho, para crear espacios de escucha y validación del “estar en relación”. Por eso, más allá de lo que conté, la forma, quería hablar de mi proceso interno, de cómo lo viví yo internamente y con Charo y con las chicas y chicos…

Para mí ha sido una experiencia que me ha marcado y me alegra haber estado aquí, compartiéndola con vosotras y vosotros.

 

¡Gracias!  

 

Paula Domanico