14/04/09. Fundación Entredós.

 

Actividad: Fiesta de las Republicanas. Al cuidado de Ana Domínguez Loschi y Ana Mañeru Méndez.

 

OBSERVACIONES

Hoy, 14 de abril de 2009, se celebra en España el día en que se proclamó la Segunda República, hace ya 78 años.

El día es algo distinto en Entredós, y con ello me refiero a que la actividad que hoy llevarán a cabo no volverá a repetirse hasta que el año que viene vuelva a ser 14 de abril (contando con que se siga celebrando, claro está).

El día se levantó algo alborotado; igual que sale el sol caen unas gotas de agua. Haciendo uso de mi parte irresponsable como ciudadana, me llevé el coche al centro -he de confesarlo- por pura pereza de mojarme debido a la amenaza de lluvia. Como esperaba, aparqué el coche sin problema donde suelo hacerlo y, sin pensarlo mucho, me dirigí hacia la Librería de Mujeres. Eran las 18:30h y la actividad a la que me proponía asistir no comenzaría hasta las 20h, por lo que tenía un poco de tiempo para visitar la Librería de Mujeres y comprar dos libros que me interesaban. Pensé que posiblemente tendrían los títulos, y así lo hice.

Al cabo de algunos minutos me encontraba en el escaparate de la Librería de Mujeres y enseguida entré. Ante mí accedía un chico de unos treinta años que me sujetó la puerta para que yo pudiera entrar también. Se lo agradecí.

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De repente, el chico que accedió a la librería delante de mí se dirigió hacia la mesa camilla en la que se encontraba Ana Domínguez Loschi, una de las Libreras, sentada entre papeles, y le dijo textualmente: “¿Tenéis algún acto especial que preparéis para días especiales como hoy?”. Ana le dijo que sí, que habían preparado un acto a las 20h en la Fundación Entredós. Ana tuvo que explicarle al chico su ubicación, pues la desconocía (en ese momento me acordé de cuando ella misma me lo explicó a mí hace ya casi un año). Le contó que iban a visitarlas dos señoras que vivieron los años de la República para contarles sus experiencias y que, después de eso, subirían a la parte de arriba a cantar canciones de la República. Tan pronto como el chico salió por la puerta, Ana se dirigió al mostrador donde se encontraba Lola Pérez, otra de las Libreras, y le dijo que el chico se había emocionado al contarle de qué trataba el acto y que le preguntó que si podía ir con su padre. Ana le dijo que sí, que podía ir con él. Las dos mujeres parecían emocionadas por la reacción del chico. Ambas sonreían reflexivas.

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El tiempo pasó y a las 19:30h me encontraba en la puerta de Entredós dispuesta a entrar. Como siempre, la puerta estaba cerrada. Algunas personas pasaban por delante de ella, miraban al frente, sin más. Como si no existiera. Para mí es diferente. Yo pasaré dentro.

 

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Tras dejar mi abrigo en la percha de la entrada, me senté en el sofá y saqué mi cuaderno de campo para comenzar a hacer anotaciones. Enseguida descubrí una decoración diferente en el espacio. Hoy, a la decoración habitual se añaden más colores. El rojo, morado y amarillo sobresalen del resto. (“Son los colores de la bandera de la República”, pensé). Pequeñas banderas de papel, globos y serpentinas de los colores de la bandera adornan el techo. Además, la barandilla de la entrada está completamente tapada por la bandera republicana. Desde el comienzo del pasamanos hasta el final de éste, unos tres o cuatro metros de bandera adornan la zona de la entrada.

 

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De repente entró una señora mayor, de unos 80 u 85 años de edad. Pensé que casi con seguridad sería una de las invitadas a hablar sobre su experiencia en la época republicana y en el franquismo. Iba acompañada de otras dos mujeres más jóvenes que ella, tal vez de unos 70 años de edad. Notablemente más jóvenes.

Las tres señoras se quedaron de pie en frente de mí. En ese momento ya había bastante gente en Claros del bosque. Aún no sabía si se trataría de una de las señoras que venían a contar su experiencia, pero hubo un encuentro que me sacó de dudas por completo.

De repente se acerca un chico a la señora más mayor que nombré anteriormente. Mantienen una conversación que mis oídos alcanzan con dificultad a oír, pero consigo enterarme del asunto del que tratan. El chico le dice a la señora que es periodista y que está muy interesado en hacerle una entrevista. La señora accede sin más. El chico saca su teléfono móvil y apunta números que la señora le dice. Han quedado para el día siguiente en Menéndez Pelayo. Así, sin más, el chico se va dándole las gracias, notablemente contento. A partir de ese encuentro, supuse que efectivamente se trataba de una de las mujeres que venía a Entredós a hablar sobre su experiencia.

La señora en cuestión mide unos 150 cm de estatura y tiene una joroba bastante notable. Zapatos marrones de piel con tacón ancho de unos dos centímetros de altura. Pantalones de pinza marrones y abrigo de cuadros marrón y negro que le cubre hasta mitad de la pierna, aproximadamente. Bolso mediano color marrón también de piel y pañuelo color blanco de aspecto sedoso le asoma alrededor del cuello entremetido por el abrigo. Pendientes de mineral rosáceo en forma de lágrima que cuelgan desde el lóbulo de ambas orejas a través de una base de pendiente color dorado. Pelo completamente blanco, corto y peinado hacia atrás. No lleva gafas. De rostro arrugado pero visiblemente cuidado, de aspecto limpio. Vagamente maquillada. No más que coloretes y un poco de sombra de ojos.

Al momento, veo a otra señora que parece también de edad avanzada. Por Claros del bosque hay algunas personas mayores, pero las mujeres a las que me estoy refiriendo son de mayor edad que el resto.

Esta segunda señora que ha entrado es algo más baja que la anterior. No creo que alcance los 150 cm siquiera. Zapatos planos color negro de tela, falda de cuadros que le cubre hasta mitad de la pierna, una cuarta por debajo de la rodilla y, en el cuerpo, un jersey de cuello redondo color marrón. Gafas grandes de pasta color marrón. Me parece que las gafas no son de sol, sino que las lleva para ver mejor a pesar de que los cristales están oscurecidos. Se aprecian los ojos con dificultad. Esta señora está acompañada de otra mujer también mayor pero apreciablemente más joven que ella.

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Son ya las 20:20 horas y, a pesar de que no se anuncia que el acto va a comenzar (éste tendrá lugar en la planta de abajo), quiero descender para coger sitio.

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Al bajar las escaleras, me cruzo con Raquel, que las sube rápidamente. Me dice que ya va a empezar, por lo que me apresuro a bajarlas. Al entrar descubro que la sala está ya bastante llena, pero aún queda algunos huecos. Pienso que necesito sentarme para poder registrarlo todo lo mejor posible. Las sillas están colocadas en semicírculo, algunas aún desocupadas. Al echar un vistazo rápido, de repente una chica me señala unos lugares que están justo delante de ella todavía sin ocupar, por lo que supongo que me está indicando que se encuentran vacíos. Me acerco y le pregunto a la chica; ésta me responde que me puedo sentar, que están libres, con un movimiento afirmativo de cabeza, sin hacer gestos con el rostro. Le agradezco su amabilidad y me siento en la silla más cercana a la pared de la segunda fila, justo delante de ella. Le pregunto si ve conmigo, me dice que sí, que no hay problema.

 

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La mayoría de las personas que están ya allí sentadas son mujeres, pero al menos hay seis o siete hombres. Rápidamente reconozco al chico que preguntó en la Librería de Mujeres sobre la posibilidad de que hicieran un acto especial para el día de hoy para ir con su padre. Allí está el chico, con un señor de unos sesenta años sentado a su lado izquierdo.

 

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Ana Domínguez inaugura el acto. Da la bienvenida a todos. Está muy sonriente, como siempre. De repente deja de mirar al público para observar los folios que parece tener preparados para leer. Hace una pequeña introducción sobre lo que es Entredós. Dice que Entredós hace política de mujeres, pero no política de la representación. No representa a un colectivo en concreto, sino que cada mujer que pertenece a Entredós y que va a un acto va en representación suya, no más, de su persona, no como parte de Entredós. Lo contrario sería la política de la representación, que es lo que ellas no hacen. Explica por encima los orígenes de Entredós. Además, introduce unas pinceladas de historia contando lo que ella cree que significó la República para las mujeres. Lee unas palabras de la obra de María Zambrano Delirio y destino. (...)Tras estas palabras, presenta a las invitadas, refiriéndose a ellas como mujeres que vivieron en la época republicana y en la franquista. Dice sus nombres: Angustias Martínez y Carmen Arrojo. Presenta a Ana Mañeru, que está a su izquierda, y a Lola Pérez como la presidenta de Entredós.

Ana Mañeru continúa con la presentación del acto. Habla, manteniendo la mirada en el público, sobre las mujeres que vivieron la época de la República. Dice textualmente: “La historia la retomamos para el presente, nosotras somos herederas de sus palabras” (se refería a las palabras que quedan escritas de las mujeres republicanas). Continúa diciendo que no hemos de desmayar nunca, que eso es algo que nos han enseñado las mujeres a lo largo de la historia, que la realidad puede cambiar siempre que hagamos todo lo que está en nuestra mano. El público se mantiene callado. Con la mirada fija en Ana Mañeru, que ahora habla. No se escuchan conversaciones paralelas en voz baja.

Ana Mañeru descubre el objetivo del día de hoy. Dice que ella quiere rescatar la memoria de las mujeres republicanas para que nos oriente en el presente, en el que parece que todo vale; “y todo no vale”, dice Ana Mañeru concluyendo con su exposición. 

Ana Domínguez vuelve a tomar la palabra brevemente para, ahora sí, entregársela a las invitadas. Ana Domínguez lanza una pregunta: “¿Qué hicisteis el día que se proclamó la Segunda República española?

Angustias es la primera en contestar a ello, y continúa contando su experiencia, hasta que concluye y le toca a Carmen.

Angustias dice ser de un pueblo de Cuenca. Dice querer que España vuelva a ser como fue entonces. Habla de que anteriormente a la monarquía actual, España sufrió monarquías pésimas. Que el 14 de abril de 1931 surgió algo nuevo en España. Algo nuevo y con ideas muy diferentes a las que había entonces. Recalca que gran parte de lo positivo que surgió de la República se lo llevaron las mujeres. Dice Angustias que las mujeres no eran nada hasta entonces. Al pronunciar estas palabras, Angustias hace un movimiento seco y rápido con su brazo derecho hacia arriba y hacia abajo, mientras mantiene unidos el dedo pulgar y el índice. Tras el movimiento, vuelve a colocar el brazo en la mesa. En ese momento, se viven unos segundos de silencio después del “nada”. Prosigue diciendo que la mujer era persona, eso sí, y nada más. Dice que la iglesia no permitía que esto cambiara, que no quería que las mujeres se formaran.

Continúa  comentando que durante la República se intentó igualar a los hombres y a las mujeres, considerándose a ambos sexos como seres humanos, no más. Nombra a Clara Campoamor por el trabajo que llevó a cabo para conseguir el sufragio universal. Se consiguió así, de alguna manera, que las mujeres estuvieran más incorporadas a la sociedad de lo que lo habían estado hasta entonces. Que con la República se consiguió mucho, pero que duro poco tiempo. Explica que con tan solo tres años (del 31 al 34) no se pudo hacer más. Que en las siguientes elecciones la izquierda fue derrotada, quedando Gil-Robles al mando.

Angustias insiste en varias ocasiones en que lo que Campoamor consiguió, haciendo del voto algo universal y, con ello, también accesible a las mujeres, fue algo sin duda histórico, pero que en aquel momento las mujeres no estaban preparadas para ello. La iglesia aún jugaba un papel muy influyente sobre ellas, y por eso, muchas votaron a la iglesi,a quedando la izquierda fuera del poder.

A ello, nadie respondió en voz alta, pero una mujer que se encontraba detrás de mí repitió -no en voz baja, pero tampoco lo suficientemente alto como para que se enteraran las invitadas- que no estaba de acuerdo con que la población femenina no estuviera preparada para ejercer su derecho a voto. “No, no”, decía esta mujer a la vez que Angustias continuaba con su discurso.

Angustias, que no se había enterado de las “protestas”, continuaba con Clara Campoamor. Decía que la propia Campoamor advirtió de lo que podía pasar y de lo que finalmente pasó, pero según la invitada, a pesar de ello, la mujer “despertó” y también “despertó” la clase trabajadora, por lo que se estableció el Frente Popular al ganar las elecciones de febrero de 1936. Dice que entre los años 34 al 36 el pueblo no se queda en silencio ni quieto. Sabían que tenían que luchar para que la derecha no saliera nuevamente.

Este despertar del pueblo, prosigue Angustias, fue percibido por los mandamases (aquí incluyó a Franco), y por eso estalló la guerra. Continúa diciendo que Primo de Rivera sacó las pistolas y la muerte. Además, dice que Franco mató a muchos médicos y maestros, que para ella significan dos de los pilares más importantes en una sociedad, la salud y la educación. Y mandaron durante cuarenta años.

Cuenta la invitada que fue detenida el 1 de Abril de 1939 y que permaneció siete años en la cárcel. Sufrieron muchas vejaciones, no les daban de comer… Dice que cuando entró era una analfabeta, políticamente hablando, y que salió de allí siendo una maestra en eso. Dice: “En la cárcel eres como eres”, refiriéndose a que pasas tantas horas allí -24 al día- que no puedes ocultar lo que eres ni cómo eres.

Dice que todo esto es una experiencia que quiere trasladar sobre todo a las mujeres, ya que considera que aunque se haya avanzado mucho, todavía no tenemos las mismas garantías que los hombres. “No hay que dejar de luchar”, afirma.

Tras estas últimas palabras de Angustias, muchas mujeres hacen un movimiento de cabeza repetido hacia arriba y hacia abajo, movimiento reflexivo. Ninguna dice nada al respecto.

 

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Continúa Angustias diciendo que las mujeres no deben dormirse. Tienen que conseguir lo que merecen por su inteligencia, pero no hay que bajar la guardia en el hogar, donde siguen teniendo un papel muy importante con sus hijos que no debe ser sustituido.

Acabando ya con su discurso, Angustias dice que en el año 37 se encontró con Carmen (con la otra invitada) en una escuela enseñando (ambas son maestras) y que hace un año volvieron a coincidir en un acto parecido al que hoy se está celebrando y que desde entonces no se han separado.  Ambas mujeres se miran y sonríen abiertamente, se aprietan la mano brevemente y Angustias le da fuerte a Carmen en el hombro con su mano, de modo cariñoso.

Angustias acaba su discurso proponiendo que le hagan las preguntas que crean necesarias una vez Carmen cuente su experiencia. Angustias se ha mostrado tranquila en todo momento, con los brazos por encima de la mesa, acompañando con ellos sus palabras.

 

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Ana Domínguez continúa y da paso a Carmen.

Carmen dice haber tenido la suerte de haber sido educada por unos padres auténticamente socialistas, que no la llevaron a la escuela porque ésta era obligatoriamente de religión católica. – todas ríen tras estas palabras.

Dice que no fue al colegio, que su padre se lo enseñó todo. En su casa se hablaba mucho de política y dice que el día que se instauró la República en España era tal la alegría que todos en su casa se fueron a la Puerta del Sol a celebrarlo (ella tenía 2 años). Dice que cantaban: “No se han ido, que los hemos barrido, no se han marchado, que lo hemos echado”. Todo el mundo ríe tras la canción.

Dice Carmen sentirse “internacional”, andadora del mundo, que su patria es el mundo y que por lo tanto le duele lo mismo lo que le pase a cualquier individuo que en ella habite, hasta aquél que está lo más alejado de ella por territorio.

Todos los asistentes quedan callados ante tales palabras. Todos están muy atentos. No se aprecia murmullo alguno.

Dice tener 90 años y que, en casa, sus padres le enseñaron a vivir sin hacer sectores ni grupos, pues la humanidad es una sola (ella lo define como el no-sectarismo).

Carmen se gana al público con bromas constantes, la gente sonríe mientras la mira atentamente. Con voz “chillona” y muy gesticulante con sus manos. Dice haber vivido la alegría de la República, pero también la guerra. Dice que han luchado mucho y que van a hacerlo hasta morir (efectivamente, habla en plural en este momento).

Continúa Carmen diciendo que hay que inculcar en la juventud que en África tienen el mismo derecho a vivir que nosotros, y a vivir en unas condiciones al menos respetables. Comenta que en España, ahora, somos capaces de decir que lo estamos pasando mal (refiriéndose a la crisis económica por la que atraviesa España actualmente). Dice: “La vida no es para ricos, la vida es para todos, y todos tenemos derecho a una educación y a la salud”,  y con respecto a lo anterior afirma que durante los pocos años de Repúblic, se crearon veinticinco mil escuelas  y aparecieron personalidades como Clara Campoamor y Federico García Lorca.

Continúa ahora Carmen refiriéndose a las mujeres. Dice que las mujeres no solo servimos para quedaros en casa. Que valemos lo mismo que los hombres y aclara que ella no está en contra de los hombres, que ellos son el “Complemento circunstancial”, mientras que las mujeres son el “Complemento directo”. Tras estas palabras, los y las asistentes ríen con mucha fuerza, más que en ningún momento. 

Carmen continúa diciendo que la iglesia se inventó una leyenda (se refiere en este momento al pecado original). Expone que es absurdo que las mujeres hayamos tenido que admitir esa culpa. Dice textualmente: “Yo nunca he admitido esa culpa, yo siempre he hecho lo que me ha dado la gana”. Los asistentes ríen nuevamente.

Asegura creer en la coeducación y considerar que en la educación está la clave del cambio de las mujeres. El hecho de que anteriormente nos separaran en la escuela por sexo, dice, se produjo porque así se controlaban los conocimientos que adquirían las mujeres y se les restringía su desarrollo mientras que los hombres eran formados para que “llegaran a ser alguien”. Ahora todo eso está cambiando, concluye.

Refiere Carmen haber dado mucho por la República, tanto que casi dio hasta la vida. Dice haber perdido a su padre, a su hermano y a su novio durante la guerra, y que su madre y ella tuvieron que irse al norte para dedicarse al campo y con ello subsistieron. Además, gracias a su formación como maestra, comenzó a trabajar en un colegio de curas.

Indica que cuando estuvo trabajando en ese colegio aún no tenía el título, por lo que ahí se demuestra –apunta- la incompetencia de la escuela privada. Dice considerar que los buenos profesores han trabajado y trabajarán por la escuela pública.

Reitera que hay que decirles a los jóvenes que todos los seres humanos tenemos los mismos derechos porque todos somos simplemente eso, humanos, ni más ni menos. Da igual donde hayas nacido. Carmen eleva la voz al decir estas palabras y gesticula fuertemente con los brazos. De repente se escucha en voz alta de entre el público y de forma exclamativa: “¡¡¡A por la tercera!!!” No hay una respuesta grupal al comentario.

Carmen dice haber concluido con lo que tenía que contarnos, pero que está a nuestra disposición para que le formulemos las dudas que queramos.

Una chica pregunta en primer lugar:

-          Y… una vez terminada la guerra, ¿qué les sucedió?

Ambas invitadas coinciden al contestar, pero finalmente es Carmen la que cede la palabra a Angustias.

-          Estuve siete años en la cárcel, y después, una vez fuera, durante la época franquista, seguí allí, porque España era como una cárcel”.

Continúa Angustias contando que estuvo alfabetizando a las mujeres en la cárcel. Para las mujeres, prosigue, era como un universo aprender a escribir y poder mandar noticias a sus familiares a través del correo. “Ellas ponían mucho empeño por aprender, no paraban de practicar. Nos daban de comer poco, pero por cosas así sobrevivíamos”

Dice Angustias que las calles eran igual que la cárcel. No se podía hablar. Si eras de izquierdas, por lo más mínimo te metían en la cárcel o te fusilaban. Dice que hasta hacer los partes de la guerra era un delito ya que Franco estaba de parte de Hitler.

Además, Angustias plantea el problema que tenían los presos políticos para encontrar trabajo después de la guerra. Comenta que, para encontrar cualquier puesto, era necesario un certificado de la Falange y otro de la Iglesia y, “Claro, ¿cómo encontrar trabajo así?”, se pregunta Angustias. Dice que al ir a por los certificados le decían: “No, tú eres una roja”

Prosigue la invitada diciendo que lo que las salvó (en este momento, habla en plural y no aclara a quién más se refiere) es que estuvieron haciendo jerséis en su casa. Dice que no se podía enterar nadie, pues estaba prohibido hacerlo, pero que no les quedaba otra opción: “Teníamos que comer de alguna manera!!”, exclama la invitada.

Todavía hoy la gente tiene miedo, continúa explicando, muchos no dicen que en aquellos años fueron perseguidos. “La vida, al salir de la cárcel fue dura, pero nos hizo fuertes”, afirma.

Dice que los tribunales en la época de Franco fueron ilegales, que no se hacía justicia, pues se aplicaba la ley que ellos querían. Se apresaba a la gente y se les fusilaba por la mínima.

En ese momento, Carmen interrumpe diciendo que ella no quiere indemnización de nadie, pero sí quiere que se sepa la historia real, tal y como fue.

Otra chica hace una segunda pregunta. Dice que su abuela le cuenta cosas de la guerra y que quiere saber cuál fue su impresión cuando los fascistas se hicieron con el poder.

Angustias responde: “El miedo es libre”, refiriéndose a que mucha gente se adaptó a lo que se impuso porque tenía miedo de lo que les podía pasar si reconocían tener una inclinación política de izquierdas.

Tras esas palabras Carmen dice: “Nadie sabe lo que ha supuesto el franquismo, ha sido horrible”.

Continúa Carmen contando una anécdota que ocurrió durante la época que pasó en el campo de concentración. Dice que, estando trabajando, una de las chicas con las que acostumbraba a pasar el rato y con la que continuamente reían, le pidió a uno de los militares que las vigilaba que la acompañara al baño (aclara que esto era así, si algún recluso/a tenía que hacer sus necesidades se lo decía a los militares que estuvieran allí controlándoles y uno le acompañaba). Su compañera lo hizo tal como la norma exigía y le dijo amablemente al militar que la acompañara al baño y que durante el paseo le soltó: “Hijo, para que poco os ha servido ganar la guerra. A ti solo para acompañar a cagar a una roja”,

Las asistentes ríen fuertemente. Muchas distancian sus espaldas de los asientos de sus sillas.

Hay una tercera pregunta. En esta ocasión, una chica que está sentada en el suelo, justo delante de la primera fila de sillas, les pregunta sobre las misiones pedagógicas.

Carmen dice que ella fue la secretaria de estudiantes de la juventud pedagógica. Aclara que las misiones pedagógicas iban destinadas a chicos y chicas que querían estudiar en el extranjero.

Otra chica hace la cuarta y última pregunta a las invitadas: ¿Cómo os habéis defendido del franquismo?

La respuesta es contestada por Angustias, que dice: “El franquismo nos ha dado mucha fuerza, y con esa fuerza que nos ha dado, nos hemos defendido de él”.

A las 21:45 horas acaba el acto. Ana Domínguez anuncia que ahora nos subimos a Claros del Bosque a cantar las canciones del cancionero que ha sido repartido con la entrada.

 

Notas tomadas por Marta Díaz García en el curso del trabajo de campo antropológico que está realizando en la Fundación Entredós.