Núria Jornet i Benito.

 

Presentación Las relaciones en la historia de la Europa medieval (Fundación Entredós, Madrid, 19 de febrero de 2008)

 

A mi me gustaría explicaros el origen de la obra y cómo la fuimos pensando y creando.

 

¿Cómo se originó el libro? El libro es, de hecho, un encargo de la editorial valenciana Tirant Lo Blanch a María-Milagros Rivera, quien nos hizo directamente la propuesta a un grupo de historiadoras que en ese momento estábamos trabajando en otro proyecto: un libro de vidas de mujeres del Renacimiento. Os he de confesar que la propuesta (que era también la de iniciar en la editorial una colección de manuales de historia) nos generó una cierta inquietud. Inquietud por el peso que la propia palabra, “manual”, nos causaba: un manual que lo diga pues “todo”?, toda la cronología de la Edad Media, todas las geografías? El primer paso fue en realidad decidir que no haríamos otro manual; que ya había buenos manuales, en el sentido clásico, de historia positivista, y que nuestra intención no era sustituirlos, sino hacer otra cosa. Una vez superado este “escollo”, nos veíamos en realidad más libres para pensar en el texto a escribir, de otra manera, sin pensar en abrazar toda (¿siempre es toda?, por otra parte) la realidad.

 

Me gustaría sin embargo deciros que, a pesar de esta voluntad primera, de no hacer un Manual, en realidad, entre nosotras e incluso entre las lectores y lectores, hablamos repetidamente del “Manual”: …”vamos a presentar el Manual en Zaragoza….” “Qué suerte, la editorial ha hecho una segunda reimpresión del manual….

 

En este punto me acuerdo de lo que Pepa Balsach dijo, en la presentación del Manual en Girona, sobre cómo le gustaba en realidad la palabra “manual”, ya que nos acercaba a las “manos”, a una realidad cercana, pequeña, transportable, doméstica, a un libro de cabecera. En este sentido recuerdo aquí el Liber manualis de nuestra querida Duoda. Y también recuerdo ahora las palabras de Anna Maria Piussi en la presentación del libro Educación nombre común femenino, cuando decía que:

 

“El impulso más concreto vino, pues, de la necesidad de disponer de un semi-manual. No obstante, a diferencia de los muchos manuales corrientes, no nos interesaban ni la presentación sistemática y crítica de teorías y reflexiones sistemáticas, ni el “estado de la cuestión” de la investigación en los varios ámbitos de la educación; más bien escribir, escogiendo cada cual una palabra fecunda que trabajar, lo que más nos importaba, aunque hubiéramos llegado a comprenderlo más libremente en la relación con las otras. Lo que pretendíamos era, pues, exactamente lo contrario de un manual. Era hacer cortes y fisuras en el edificio de un saber especializado neutro y objetivo cada vez más descarnado, con palabras clave que permitieran abrir un horizonte amplio, ofrecer una medida distinta a quienes trabajan a diario en la educación, poner en movimiento y dar nueva vida a los saberes de la educación, hacer que entrara ahí otra cosa: la libertad femenina en primer lugar, y con ella el gusto por la vida, y acompañar la vida con la palabra, haciendo sitio a las pasiones y a las relaciones. Cada una eligió la palabra según su vocación: genealogía, sosiego y placer, confianza, cuerpo, tiempo, mediación, saber, el otro, violencia, aprender desde el amor a la madre, etc., son palabras densas y abiertas.”

 

 

Creo pues que, a pesar de todo, hay algo en la palabra “manual” que nos hace recuperarla a pesar de las connotaciones que pueda tener a primera vista. Ahí hay algo, que tendríamos que pensar un poco más.

 

Un segundo punto fue cuestionarnos si haríamos un libro de historia de las mujeres. Una cuestión importante si partíamos del hecho que nuestro lugar de encuentro, ese espacio que nos unió en nuestro proyecto, era Duoda, Centro de investigación de mujeres de la UB. Pero, como ya apuntó en su momento María-Milagros Rivera en la presentación del CD La diferencia de ser mujer: Investigación y enseñanza de la historia: “la historia de las mujeres, imperceptiblemente se está volviendo cada vez más la historia….una exageración (continuaba) que quizás pueda tomarse en consideración si se piensa que cada vez más la política es la política de las mujeres”.

 

No haríamos una historia de las mujeres sino que un grupo de historiadoras en el presente escribiríamos historia, ya cabrían las mujeres evidentemente, pero también los hombres, nuestros compañeros, lo hijos…. Y la historia que cada una de nosotras escribiría teniendo en cuenta que es una mujer sería la historia, el mundo que ella mira, entero, no una parte.

 

Un tercer nudo que deshicimos en estas primeras reuniones fue tomar, como punto de mira, las relaciones. Coger las relaciones y enclavarlas en la historia. Relaciones que nos permitieran saltar cronologías (aunque en cada capítulo creo que no hemos perdido ninguna el hilo cronológico) y situarnos en geografías diversas. Hechos seleccionados, muchos de ellos de la manualística clásica, se ponían ahora bajo el prisma de las relaciones: la de hombres y mujeres con la memoria, con la escritura, con la naturaleza y la tierra, con el dinero, con el hecho religioso y el transcendente, y las más centrales, nodales, relaciones entre los sexos. 

 

Anna Maria Piussi explicaba que fueron palabras claves la que las autoras eligieron; en nuestro caso, fueron esos contextos relaciones en los que cada una se sintiera cómoda. Un contexto, el relacional, que ha estado también priorizado por el grupo de historiadoras italianas autoras del libro Libres para ser. Mujeres creadoras de cultura en la Europa medieval. Y es que cada vida estrena, inaugura, inicia (en el sentido de Hanna Arendt) un contexto relacional en que cada criatura humana aprende a hablar, aprende la competencia del estar aquí, en el mundo.

 

Quisiera destacar dos elementos más a la hora de concebir la obra:

 

Quisimos reservar un espacio importante a las imágenes, a la iconografía, que en algunos capítulos, como el de Elisa Varela, toma una significación importante y puede constituir un elemento más del análisis histórico.

 

También quisimos conectar nuestra interpretación y lectura como historiadoras con nuestro ser y hacer de profesoras, docentes de historia, invitando al estudiante a reflexionar en torno algunas cuestiones del texto o, más allá del aula, incitar al lector/lectora con preguntas que lo implicasen en su presente (el fenómeno de las migraciones actuales en contraste con las oleadas migratorias de los primeros siglos medievales; el papel de la memoria en la construcción de las identidades; la relación entre una economía marcada por el capitalismo más salvaje y la globalización y los movimientos actuales que nos acercan a esos movimientos pauperísticos-apostólicos, que en su época también adquirieron tintes revolucionaros y/o heréticos…..)

 

Y, para acabar, os he hablado de la importancia del contexto relacional. Seria interesante introducir aquí, en este tejido final que es la obra, lo que la historiadora italiana Emma Baeri denominaba el “cerco de la carne”, es decir, el grupo de historiadoras, nosotras, con su presente, sus deseos y proyectos, sus relaciones. Las autoras, en este caso, yo, me sitúo también en relación (en relaciones de confianza y de autoridad) con este “cerco de carne”, con esas mujeres también autoras que, siempre atentas, me han dado medida y sentido a la escritura y al ejercicio de historiar. Sólo quiero confesaros que por mi parte ha sido un verdadero placer compartir obra, momentos de discusión, con las que fueron de hecho profesoras mías en la universidad, y por supuesto, siguen siendo mis maestras.