UNA EXPERIENCIA DE HISTORIA VERDADERA CON LAS DIGNAS EN EL SALVADOR

Mª Milagros Montoya

Entredós 11 de enero de 2006.

 

EMPEZAR DESDE EL PRINCIPIO

Buenas noches. Hoy vamos a tener la 2ª tertulia de “La Historia Verdadera”, que hemos llamado conversatorio porque así lo aprendí de Las Dignas. Y antes de hablar de esta experiencia en El Salvador hablaré del grupo y de lo que hemos hecho hasta ahora.

Desde el mes de septiembre de 2005 nos estamos reuniendo en Entredós el grupo que hemos llamado La Historia verdadera. En el grupo estamos mujeres y hombres que tenemos el deseo de hacer un cambio en los libros de texto, para que lo que enseñamos o aprendemos no se reduzca a una mera repetición de lo ya dado (reconociendo además que la mayor parte carece de interés para la vida). Nos gustaría hacer un cambio radical, es decir de raíz, para tener un libro de texto, y también de imágenes, en el que podamos evocar nuestro origen, ese inicio en el que aprendimos con placer a descubrir el mundo, a nombrar las cosas y a decir yo en relación con nuestra madre, porque sabemos que evocar el origen nos hará originales, pondrá en juego nuestra creatividad, esa singularidad que trae al mundo cada criatura humana que nace.

En el origen del grupo “la historia verdadera” está el deseo mío y de Juan Cantonero que, como recordareis lo hicimos público en el mes de marzo del año pasado, en una tertulia que nos pidió Tania Rodriguez Manglano, en el espacio “en femenino y en masculino”. Allí dijimos que como enseñantes de historia nos urgía una tarea que teníamos pendiente: hacer visible la aportación histórica de las mujeres y cambiar la mirada o la interpretación histórica, hecha todavía desde el neutro masculino universal, con un discurso separado de la vida, para poder hacerlo desde la diferencia sexual, desde la diferencia significativa de ser hombre y de ser mujer. Nos urgía, porque, aunque estamos en la nueva civilización, seguimos con unos libros de texto donde las mujeres no existen porque no se las nombra y el hombre, es más bien una abstracción, porque no tiene origen, no ha necesitado nacer de una madre, ni ser alimentado, ni crecer en relación y parece que sólo vive para cazar, guerrear y conquistar. De ahí que la historia sea una de las asignaturas que resulta más incomprensible y más aburrida cada día.

Así, por el deseo y por la necesidad hemos formado en Entredós el grupo “La Historia Verdadera”; nos reunimos quincenalmente, los miércoles, 17  profesoras y profesores no solo de historia y mujeres que educan fuera de la enseñanza reglada cuya participación es muy importante para este cambio.

El nombre lo descubrí el número 28 de la revista Duoda, de la Universidad de Barcelona, donde Annarosa Buttarelli en su artículo “Antígona, la chica piadosa” me desveló la práctica que hace historia verdadera, la historia que hace visible la obra materna en vez de destruirla o de negarla, la historia que sólo el amor puede hacer. Ella dice que “debajo de las cosas que ocurren suceden otras que hacen historia verdadera”. Y en ese mismo número de Duoda escriben otras mujeres – Mª Milagros Rivera Garretas, Lia Cigarini, Luisa Muraro- que despertaron en mí el deseo de que sea ésta la historia que se enseñe en los libros de texto que estudian las chicas y los chicos de educación secundaria obligatoria, es decir, la generación que hará historia verdadera en la nueva civilización.

Hemos comenzado interrogándonos sobre los aspectos que son fundamento de la enseñanza y el aprendizaje que tiene en cuenta a la madre y que, en consecuencia, hace visible la diferencia sexual. Este cuestionamiento parte de nuestra propia práctica que es desde donde se hace teoría que sirve para la vida.

Hemos comenzado por la práctica del partir de sí.

¿Qué significa partir de sí? Después de leer y hablar mucho, creo que expreso el parecer de las otras y otros del grupo al decir que partir de sí es:

 

Hemos visto también que esta práctica conlleva:

 

  1. Hablar y escribir en primera persona. No desde la abstracción que hace un discurso universal, impositivo y dogmático, ni en representación de quienes no estamos en relación cercana  y directa. Por ello nos parece conveniente evitar el “se dice”  y el nosotros, los padres, los profesores, los hombres o nosotras las madres, las profesoras, las de Entredós, porque el impersonal, aunque me evite el riesgo de hablar en primera persona, me oculta y el plural generalizado es falso pues afortunadamente, en la realidad  no existe esa uniformidad entre todos los hombres y tampoco entre todas las mujeres, ni entre todas las de Entredós.
  2. Escribir y nombrar desde la diferencia de ser mujer y de ser hombre, reconociendo, aquí y ahora la existencia y la riqueza de esta diferencia femenina y también masculina( porque lo que llamamos masculino genérico no es la diferencia masculina).
  3. Acoger la diferencia sexual y la singularidad de cada alumna o alumno con quienes me relaciono.
  4. Desvelar el origen y la autoría de los textos aunque estén escritos en neutro universal masculino, porque así hacemos visible la diferencia sexual. Por ejemplo María Zambrano escribe en masculino, pero desde su diferencia de ser mujer.  Como se puede comprobar en este texto, tan importante para quienes nos dedicamos a enseñar, donde nos dice que la mediación más cercana a la mediación materna es la de educar porque también da vida y ayuda a crecer:

 La vocación del maestro es la vocación entre todas la más indispensable, la más próxima al autor de una vida, pues que le conduce a su realización plena”. María Zambrano[1]

 

EN EL SALVADOR

Con este bagaje y el deseo de seguir aprendiendo de las mujeres, me fui a El Salvador a finales de noviembre de 2005, invitada por una asociación de Mujeres que se llama Las Dignas. Perdón, esto no es la historia verdadera. La  verdad  es que Beatriz Sevilla, cuando estaba haciendo el Master de Educación y  Desarrollo en la Universidad Complutense un día escuchó a Ana Mañeru que fue a hablarles desde el Instituto de la Mujer. Y pasado los años, cuando Bea  llevaba ya un tiempo en El Salvador y estaba trabajando con Las Dignas, al   pensar en la organización del Congreso para prevenir la violencia contra las mujeres desde la educación, ella se acordó de Ana Mañeru, de su intervención en la Complutense y la escribió para pedir su participación. Yo he tenido la oportunidad de vivir esta experiencia  no por casualidad sino que es fruto de una red de relaciones, primero de Bea con Ana Mañeru y de Ana Mañeru conmigo[i]. Además, antes de ir tuve ocasión de hablar aquí en Madrid con la Directora de Las Dignas, Patricia Iraheta, quien me pidió que hablara desde mi experiencia como profesora desvelando también mis planteamientos teóricos.  Esta petición en otro momento me habría hecho dudar sobre dónde estaba mi teoría y dónde comenzaba mi práctica y quizá me hubiera inquietado ante esta división, pensando que tenía poca teoría o que quizá tenía mucha teoría aprendida pero muy poca puesta en práctica. Sin embargo, ahora sé qué relación hay entre y otra porque hace tiempo que aprendí de Ana Mañeru, y ella dice que lo aprendíó de Anna María Piussi, que “La teoría es la práctica puesta en palabras. De ahí la importancia y la necesidad de narrarla, porque hablando en primera persona, sin decir “cosa que no haya experimentado mucho” es como se hace la teoría que vale para la vida”.

En el Congreso de Las Dignas, cuyo eslogan  era “ni estado, ni hombre macho”, hice mi intervención con este título  “enseñar el amor con el amor para hacer impensable la violencia”. Además tuve seis horas de taller con dos grupos distintos sobre La Historia Verdadera. En el grupo pude comprobar que hablar en lengua materna, y más en este caso, que es también una lengua común,  evoca en cada cual el aprendizaje original, del que dice Mª Milagros Rivera Garretas, en su libro “La diferencia sexual en la historia”, que “al aprender a hablar, aprendemos a un tiempo dos cosas muy importantes: el mundo –que va cobrando existencia al ser nombrado- y la coincidencia entre las palabras y las cosas”. Más mujeres que hombres descubrieron los vacíos, positivos y negativos, que se producen en nuestra práctica educativa. Se sorprendieron, por ejemplo al caer en la cuenta de que educamos tanto con el silencio como con los gestos y las palabras. Me trajeron algunos libros de texto que en conjunto contienen lo mismo que los nuestros, aunque me agradó encontrar una manera de presentarlos más vinculados al cuidado de las personas y de las cosas, en vez de hablar de manera abstracta de la destrucción de los recursos del planeta (después conocí a dos mujeres que habían participado desde el Ministerio, en la elaboración de estos libros),

Este fue mi primer contacto con la realidad de San Salvador y me quedé satisfecha de esta relación de aprendizaje. Pues, como dice Anna María Piussi “quien enseña está en situación de aprendizaje continuo o al menos así debería siempre. Porque los saberes no se crean solos, se crean al menos entre dos”[2]. Yo aprendí cómo lo importante es, a menudo, lo más ignorado, quizá por más evidente, o por estar negado en el conocimiento académico. Disfruté viendo la libertad que despertaba el descubrir el origen del aprendizaje, es decir, reconocer a nuestra madre como nuestra primera maestra magistral. Nos reímos juntas comentando cómo era posible no haber sabido valorar el regalo de nuestras madres, el cuerpo y la palabra, un tesoro que teníamos entre manos y que había quedado como un desecho. La inquietud de algunas, los interrogantes de otras, la admiración por lo descubierto, las caras de casi todas y de algunos indicaban que “debajo de lo que estaba ocurriendo sucedían otras cosas que hacen la historia verdadera”.  Después he recibido correos de alguna que ha puesto en marcha su deseo y ya está haciendo grupo con sus compañeros y compañeras de trabajo par enseñar teniendo en cuenta a la madre.

Después tuvimos un seminario de tres días al que se apuntaron 20 mujeres, sólo mujeres. En estos tres días, sin olvidar la prevención de la violencia, nos centramos en la diferencia sexual en la educación, educar teniendo en cuenta a la madre, aprender de las mujeres y descubrir cómo la política es la política de las mujeres. Aquí descubrí la verdadera historia de El Salvador que es la historia no escrita, pero sí hecha desde y por las mujeres.

EL Salvador es un pequeño país centroamericano ( superficie: 21.040 Km, un poco menor que Galicia; población: 6. 770.000 habitantes, un poco más que la población de Cataluña; densidad: 325 hab/Km, 4 veces más que la de España) que ha sufrido durante 12 años una guerra civil, desde 1980 hasta 1992, “una de las insurrecciones más grandes y sangrientas del Hemisferio Occidental” -escribe un historiador salvadoreño-, una guerra muy larga y muy reciente que terminó con unos acuerdos de paz y, al parecer de algunos, cerrada en falso. La contienda significó, como todas las guerras, violencia, muertes, pobreza, mucho gasto de energías y de recursos empleados para matar y mucha hambre y miseria acumulada para vivir. La violencia no desaparece por firmar unos acuerdos. Después de tantos años y tantos hombres empuñando las armas, si ellos no cambian en su interior es difícil que aprendan a trabajar en otra cosa y que aprendan a trabajar por la paz. La violencia se siente, se respira  por las calles de San Salvador. Al pasear por una zona céntrica puedes ver a muchas mujeres vendiendo, limpiando, trabajando en cosas muy variadas y también puedes ver a muchos hombres, la mayoría mirando, a veces con un arma en la mano porque se han reciclado empleándose como vigilantes de cualquier negocio ( por ejemplo yo vi una farmacia custodiada por dos vigilantes que miraban mientras acariciaban su arma). También he visto otros hombres, por ejemplo, los que trabajan con Las Dignas que saludan, sonríen y cuidan.

Quiero decir con esto, que la violencia masculina es, podríamos decir estructural ( desconozco si existen grupos de hombres contra la violencia, como el grupo de Nicaragua que vimos en el vídeo Macho, sería algo beneficioso en primer lugar para ellos). Violencia ejercida principalmente contra las mujeres contra el cuerpo y la libertad de las mujeres. Es un problema de machismo que ellos lo viven como un signo de poder por lo que el más valiente es el que con más impunidad se adueña del cuerpo de las mujeres.

Esta es una parte de la historia. La otra mitad de la población es femenina, más de la mitad, pues la guerra se llevó consigo la vida de muchos guerreros. Las mujeres me han sorprendido, mejor sería decir que han despertado mi admiración. Con alguna de ellas he aprendido a valorar la salud y la felicidad de aprender y de compartir. Pienso en Gloria, por ejemplo, una profesora de matemáticas con dos hijas, una de ellas estudiando en la Universidad, que al separarse de se marido tuvo que empezar a vivir de nuevo, se hizo su casa, aprendió a conducir y ahora vive en la casa con otra hermana casada, pues el último, no sé si huracán o terremoto, o las dos cosas juntas se la partió en dos mitades. Y además cuida de su madre que esos días estaba ingresada para una intervención quirúrgica. Pues Gloria ha sacado tiempo y dinero para estar en el Congreso donde participó con una ponencia, para hacer el seminario de tres días, para invitarme después a comer en su casa una sopa riquísima de hoja de mora y para llevarme, junto con Mayra y las hijas de ambas, a que conociera una zona de playa. Todo esto sin faltar a la cita con su madre y acudiendo a recoger a su hija que estaba con exámenes en la Universidad y a esas horas de la tarde es peligroso que ande sola por la calle.

La historia verdadera está en las relaciones que crean y mantienen estas mujeres. Está en cómo han aprendido, en medio de la miseria de la guerra y de la postguerra, a utilizar todas las especies vegetales que da una tierra tan fértil para preparar platos deliciosos, como la sopa de hoja de mora, y remedios naturales para la salud Está en saber apoyarse sin pedir nada a cambio, sencillamente porque aman y disfrutan creando cosas bellas con las que sostienen la vida y la hacen más agradable, a pesar del sufrimiento causado por los hombres y por la misma naturaleza. Ellas me han descrito lo que han aprendido de sus madres y de sus antepasadas. Yo podría resumirlo e esta frase: han aprendido a no decir, nunca, no puedo.

Por eso las generaciones más jóvenes se están preparando para ser las mejores en lo suyo o están trabajando en lo que hay. Actualmente, las maquilas ofrecen muchos puestos de trabajo. Se trata de un trabajo por turnos en zonas acotadas e impunes, donde no hay dueño que responda de nada ni de nadie, pues se trabaja para una multinacional sin nombre y sin existencia material que puede desparecer al día siguiente y que para “más seguridad” están vigiladas por militares. Podríamos decir que es una Ciudad Juárez en las afueras de San Salvador.

¿Quiénes son Las Dignas y cuál es su historia verdadera?

 Es una asociación de mujeres que a mi entender son como la levadura que hace fermentar la masa de estas relaciones de mujeres. Pero esto os lo cuenta Beatriz Sevilla, una cooperante española que ha trabajado en otros países de América Central y que desde hace  años trabaja con Las Dignas, se ha instalado muy cerca de ellas en una casa que tuve la suerte de compartir y de disfrutar de su jardín tropical, donde crecen tres papayos y un limonero.

Para terminar leeré este poema de Margarita Robleda, poeta mexicana, que Gloria nos regaló a todas en e seminario                                       

Hija mía

Te regalo la palabra

Que tu sí, sea sí

Si así lo quieres.

Que tu no sea no

Por tu decisión

 

Que tu quiero

Sea quiero y

No por favor.

Que tu no quiero

Sea no quiero

Y no tengas luego

Que pedir perdón.

 

Hija mía

Te regalo la palabra

Me ha costado sangre

el conseguirla

y sé, que tu abuela

tu madre, toda

nuestra dinastía,

por tenerla han

dado la vida.

 

 



[1] María Zambrano, L’Art de les mediacions, Barcelona, Publicaciones de la Universidad de Barcelona, 2002, pp 108-109

[2]Sofias: “Recetas de relación. Educar teniendo en cuenta a la madre”.