Madrid, Fundación Entredós. 24 septiembre 2009.

 

Solo la esposa puede decir la verdad. ¿Qué está pasando en Italia?

 

Luisa Muraro

 

 

Doy alguna noticia y unos comentarios míos, antes de abrir el encuentro a vuestras preguntas y a vuestros comentarios.

 

El jefe del gobierno de Italia –es inútil decir su nombre– es un hombre que tiene mucho poder, muchísimo más bien, porque es la suma de poderes que normalmente no se suman entre sí. Es muy rico, posee un imperio de medios de comunicación que se extiende también al extranjero, goza de una sólida mayoría en el parlamento, y es popular (entre una parte mayoritaria de la población, la otra le detesta). ¿Cómo ha podido obtener tanto poder?

 

El partido socialista le abrió el camino de las concesiones televisivas en los años ochenta. Cuando sobrevino la crisis mortal de los partidos de masas, a principios de los noventa, S. B. ya era rico, gracias al dinero de la mafia (se dice con fundamento) y a otros expedientes más o menos delictivos. Él (que tiene la inteligencia más apreciada en Italia, la astucia) se dio cuenta de que aquel era el momento de dedicarse a la política. El poder político le servirá para evitar los procesos penales y la cárcel, además de para incrementar su poder. Consigue hacerse pasar por un “hombre nuevo”, es decir, uno externo al sistema de partidos. Con las técnicas publicitarias, las alianzas mafiosas y el dinero, constituye un partido ficticio de masas, Forza Italia, y gana las elecciones.

 

La izquierda (políticos de profesión e intelectuales) comete dos errores: el de infravalorarlo, que es el más grave, y el de no darse cuenta de que los tiempos están cambiando: en todo el mundo, con el ocaso del comunismo, el poder político está perdiendo terreno con respecto al económico y al de los medios de comunicación. Hasta hace poco tiempo, la mayor parte creyó que se le podía condicionar. En 2003 hubo un breve período de gobierno de centro-izquierda y, cosa increíble, no se hizo la ley (que no existe en mi país) que regulara el conflicto de intereses (por el que un hombre con su poder económico y de medios de comunicación no podría asumir cargos políticos). Así B. volvió al gobierno.

 

Encima, guiando la iglesia católica hay hombres favorables al centro-derecha, hasta el punto de bregar contra el gobierno de centro-izquierda guiado por un católico auténtico, Romano Prodi, que dura poco y se ve obligado a restituir el poder al centro-derecha, del que S. B. es el jefe casi absoluto.

 

Encima, la izquierda ha faltado a la cita con el feminismo: su cultura sigue siendo machista, y este es otro factor que ha favorecido a B.: una cierta complicidad masculina.

 

La complicidad la trajo a la luz y la puso en crisis (espero) la intervención de Veronica Lario en abril de este año en las páginas del diario La Repubblica. Hablo de la esposa (separada desde hace muchos años y ahora en proceso de divorcio) de Silvio Berlusconi. No es la primera vez que interviene; en la primera, hace dos años, protestó por la vulgaridad del lenguaje público de él. Esta vez denuncia las cosas más silenciadas por los hombres (y por las mujeres) de la oposición: que su marido se comporta como un emperador corrupto, al que nadie se atreve a contradecir y que vende favores políticos a cambio de sexo. Ella dice también que este hombre está enfermo y que tendrían que ayudarle los que tiene más cerca.

 

La primera reacción de los opositores fue impresionante: los hombres retrocedieron, las mujeres callaron. Nosotras, feministas autónomas, retomamos enseguida la intervención de Veronica Lario mostrando su valor político. Luego, finalmente, la oposición se despertó y, mejor o peor, alistó una campaña de denuncia que, sumándose con otras fuerzas como las reacciones de la base católica y la opinión pública internacional, está dando resultados. Ahora, el poder de S. B. no se puede decir que esté decayendo, pero ha dejado de crecer y, dada la naturaleza de estos asuntos, quiere decir que empieza a disminuir. Es seguro que no llegará a ser presidente de la república, como parecía posible hasta hace menos de un año.

 

Lo que en el extranjero se sigue ignorando es que los usos y costumbres político-sexuales de este personaje destacan no porque sean una excepción sino, por el contrario, porque confirman descaradamente los aspectos más decadentes de toda una sociedad masculina. Hay debajo un enredo. La reciente campaña de la oposición italiana contra Berlusconi ha interpelado enérgicamente a las mujeres, en primer lugar a las feministas, dando a entender que a su éxito político ha contribuido un silencio culpable nuestro (de las mujeres italianas).

 

Pero hace pocos días se dio, finalmente, un cambio en este contexto, aunque sea pequeño: un diario, el Observer, cayó en la cuenta de que B. ha crecido en un terreno cultural que no le afecta solo a él sino a toda la sociedad masculina. Lo ha observado junto con el hecho de que en Italia hay una oposición feminista, la ha visto “nacer” en el éxito que tiene en internet una película italiana de denuncia de la vulgaridad antifemenina de la televisión, Il corpo delle donne. Hay que decir que esta película, que circula desde hace unos meses, ha sido ideada por un hombre y por una mujer, Lorella Zanardo, cercanos a la Librería de mujeres de Milán, donde fue proyectada en preestreno.

 

Bien, sí, excepto una cosa: orientarse de este modo, por los éxitos de una filmación en internet, para leer la realidad, no me parece muy distinto de lo que hacía la astrología antigua, que preveía el futuro leyendo el movimiento de los astros.

 

 

                        (Traducido del italiano por María-Milagros Rivera Garretas)