EL TRABAJO DE LAS MUJERES

Entredós, Madrid, 21 de febrero de 2004.

Lia Cigarini

 

 

ANA MAÑERU MÉNDEZ.- Quiero daros la bienvenida a Entredós, este lugar que hemos creado entre varias mujeres para hacer la política que nos interesa, la cual incluye celebrar este seminario y mantener la relación con las que participáis en él. Casi todas conocéis Entredós, pero sabéis que siempre alguna viene por primera vez y, aunque lo oigamos otra vez, es una manera de recordarnos también en qué estamos en Entredós.

Entredós es una creación femenina sostenida por el deseo, por la relación, el trabajo y el dinero, también, de quienes nos oís hablar a menudo, que somos las matronas de la Fundación. Las matronas somos 7 mujeres, las anfitrionas son tres y las amigas de la vida este momento me parece que somos ciento ochenta y tantas, ciento noventa y una, corrige Milagros. También están las socias y los socios honorarios.

Las amigas de la vida somos las que contribuimos mensualmente con una cuota para que se sostenga, además de hacer otras muchas cosas; las socias y los socios honorarios son los hombres y mujeres que nos han hecho préstamos para comenzar esta empresa y que devolveremos en cinco años; y luego también están las y los mecenas que han donado su préstamo u otra cantidad a Entredós para que sea patrimonio de la Fundación. Para cada una de nosotras Entredós tiene un sentido y yo diré el que tiene para mí: el de propiciar y acoger actos como éste, es decir, seminarios que hemos tenido desde que hemos creado Entredós con Milagros Rivera, con Anna Maria Piussi, con Luisa Muraro. También es la sede de Sofías, que es relaciones de autoridad en la educación (una creación de Milagros Montoya, como sabéis casi todas); la sede del Espacio María Zambrano, que sostiene Gloria Serrato; de Compartir Poesía, que sostiene Graciela Hernández; y la Escuela Libre de Entredós, que sostienen Tania Rodríguez Manglano y Miren.

Así mismo, tiene el sentido de que ha hecho crecer mi relación con Elena Laceras (que es el origen de Entredós) y Ana Domínguez, las dos libreras de la Librería de Mujeres de Madrid. Y de un modo particular también ha hecho crecer mi relación con Candela Valle y quiero decirlo. Hay muchísimas actividades, pero éstas son las que a mí, las que para mí, dan sentido a Entredós y me hacen estar todo el rato pendiente. De todas maneras, alguna que quiera conocer un poquito más sabéis que hemos publicado un libro que ha sostenido Milagros Montoya, que se llama "Textos Entredós". El primero de una serie que iremos sacando cuando queramos ir diciendo algo de Entredós. Éste recoge el primer año y está ahí por si alguna lo quiere comprar. Decimos que lo vendemos a 6 € pero vale mucho más. Dicho esto, quiero agradecer a Lia Cigarini que haya aceptado la invitación que le hicimos en el mes de mayo en Barcelona, cuando fuimos a escucharla a un seminario que se celebró en Duoda, de venir a Madrid. También a Milagros Rivera que, como tantas veces, se ha prestado a hacer una mediación que va más allá de traducir una lengua a otra, recreando en el contexto las palabras que nos son necesarias para nombrar lo que estamos viviendo porque su presencia aquí nos enriquece a todas. Milagros Rivera sabéis que es catedrática de Historia de la Universidad de Barcelona y yo pienso que es la referencia principal del pensamiento de la diferencia en España para todas nosotras.

Lia Cigarini es jurista, vive en Milán y es hija de uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano. Digo esto porque ella formó parte de las Juventudes Comunistas hasta que los acontecimientos —lo digo porque ella lo cuenta en alguna ocasión— del 68 le llevaron a abandonar la militancia de partido. Y lo digo también porque esto ha contribuido a que haya sido constante en su pensamiento y en su política su preocupación por el trabajo, que es lo que nos va a ocupar hoy. A principios de los años 70 conoció a Luisa Muraro y, junto con ella y con otras mujeres, creó la Librería de Mujeres de Milán. Yo la conocí personalmente en un encuentro que se celebró en Madrid, precisamente en mi casa, en el verano de 1994. Fue por mediación de Milagros Rivera que también como hará hoy, se prestó generosamente a hacer esa mediación de relación y a traducirla y Lia aceptó esa invitación que entonces le hicimos las mujeres que formábamos parte de la Plataforma Autónoma Feminista. Estábamos entonces descubriendo el pensamiento de la diferencia por lecturas, palabras e intercambios y le pedimos a Lia que viniera a dialogar con nosotras sobre aquello que entonces empezábamos a escuchar el affidamento, la práctica de la relación, la autoridad, la libertad femenina, todo eso (...). Después yo he tenido ocasión de escucharla en persona, dos veces en Barcelona y otra vez más en la Plataforma Autónoma Feminista. Como le he escuchado decir a Milagros Rivera, y yo estoy de acuerdo con ella, Lia Cigarini tiene un talento político finísimo y es una genio de la política y creo que hay que estar atenta a lo que dice y escribe porque sus palabras están cambiando el pensamiento y la práctica política de nuestro tiempo.

Tiene textos traducidos al castellano en la revista “Duoda” sobre la libertad femenina, la práctica de la relación y el último que ha aparecido precisamente sobre el sentido del trabajo. La editorial Icaria en 1996 publicó su obra La política del deseo, que está traducida, como los otros textos de Duoda, por Milagros Rivera, que es quien nos ha traído casi todos los textos en italiano que nos interesaba traduciéndolos. Lia contribuye con artículos a la revista "Vía Dogana" regularmente y también a los textos colectivos que han ido apareciendo desde el año 1974 con el nombre de "Sottosopra", el último de los cuales muchas de vosotras lo conocéis, "El final del patriarcado", publicado por la librería Proleg en Barcelona en 1996 y también por la revista "Viejo Topo" con algún recorte.

Una selección de estos Sottosopra, traducidos también por Milagros Rivera, se va a publicar próximamente en la Editorial "horas y Horas".

Este seminario, concretamente, parte del deseo de Tania Rodríguez Manglano, de Milagros Montoya y del mío cuando, después de leer el prólogo de Lia al libro La revolución inesperada, publicado en Narcea en 2002, y después de haber fundado con otras Entredós, quisimos propiciar este encuentro con ella.

Por la mañana vamos a hacer dos sesiones, en las que trataremos los puntos que ha sugerido Lia para el debate y que ella leerá al comenzar. La mayoría los tenéis en la carpeta u os han llegado por e-mail, o sea que para arrancar con su sugerencia lo leerá ella.

Por la tarde hablaremos partiendo de textos de Graciela Hernández y de Milagros Montoya que son dos textos que han nacido de las reuniones que mantenemos cada mes más o menos un grupo de mujeres de la Escuela Libre, otra creación de Entredós. Es una escuela creada como he dicho antes por el deseo de Tania y de Miren en la que nos reunimos para hablar, para intercambiar desde el pensamiento y la práctica de la diferencia de las cosas que nos interesan. Una de ellas es el trabajo femenino que es en lo que llevamos bastantes reuniones, prácticamente todas y es el trabajo femenino a partir de nuestro propio trabajo. No es hablar del trabajo sino de nuestro trabajo.

 

Lia.- (traducción María-Milagros Rivera) No traduzco literalmente lo que ha ido diciendo Lia ahora porque lo ha especificado más en un texto que me mandó hace unos días, que he traducido y que os lo leo. Dice ella: para nuestro encuentro propondría hacer una breve introducción detallando algunas de las cuestiones y luego, inmediatamente, pasar la palabra a las presentes. Así se hicieron los primeros encuentros en el movimiento de las mujeres y yo creo que es útil volver a ello, porque querría considerar el trabajo de las mujeres como materia viviente, como experiencia que se relata y no como un objeto a analizar; pues puede ocurrir que las palabras de la ponente dicen su experiencia enjaulen la experiencia de las otras. En el encuentro anterior de Barcelona y también en otros contextos me parece que todas estaban de acuerdo en considerar la feminización del trabajo como un hecho irreversible. También que las chicas jóvenes más escolarizadas que sus coetáneos varones predominan en los sectores en expansión, en los servicios a las personas y a las empresas y en las profesiones. Es decir, en los trabajos de relación y de conocimiento. A propósito de esto sabemos que hay circulares dentro de IBM y empresas altamente innovadoras, invitando a los jefes de personal a contratar preferentemente mujeres en igualdad de competencia con los hombres, precisamente por sus capacidades relacionales. El rector de una universidad de Milán, una universidad de economía y comercio de las más importantes de Europa, ha declarado que las empresas más innovadoras piden preferiblemente licenciadas mujeres precisamente por el más relacional que ellas tienen. Sin embargo yo pienso que todavía hoy, a excepción del trabajo autónomo, tanto del de segunda generación como del de las profesionales en que las mujeres asociándose entre ellas consiguen tener una cierta libertad en la organización del trabajo, es muy difícil para las mujeres poner a debate eficazmente el modo de trabajar que encuentran ya estructurado por las reglas masculinas. Otras y yo hemos pensado que muchas mujeres prefieren adaptarse con dolor a esas reglas antes que protestar contra ellas, por miedo a perder el puesto, la estima de los colegas, etc., reservando tal vez para la vida privada por las relaciones de calidad.

Por su parte un sociólogo inteligente ha observado y constatado que las mujeres están ya en todas partes, también en posiciones de prestigio, excepto en la política y en la cúspide de las grandes empresas, o sea donde hay más competición y lucha por el poder.

A mí me gusta que las mujeres estén lejos del poder y la competición. Sin embargo este dato significa también que no se consigue abrir un conflicto con los hombres sobre el modo de trabajar y de hacer política, por lo que las mujeres renuncian. Se evita así abrir el conflicto. Sabemos que hace 30 años, al principio del feminismo y a continuación, las mujeres lucharon a lo grande para modificar la relación con los hombres. En primer lugar con la pareja y con las demás mujeres. Atravesaron críticamente la sexualidad fálica y todas los reglas que afectaban a la estructura patriarcal. Por eso todo cambió. Cambió el derecho penal y civil, aborto, divorcio etc., cambió el sentido común, cambió la sexualidad, la demografía y por tanto la macroeconomía.

Sin embargo, en el trabajo falta evidentemente un punto desde el que atacar. No se encuentra una palanca. No se considera posible que a partir de la modificación de una relación, se pueda poner en cuestión la organización del trabajo, de la empresa, del mercado, de la economía, etc. Sobre todo en un momento como el actual en el que se dice que todo es economía, se percibe una desproporción entre lo que se puede hacer donde se trabaja con esas relaciones concretas y el sistema económico general. Esta es la primera cuestión sobre la que querría oír vuestra experiencia.

La segunda pregunta que querría hacer es en cuanto a la civilización femenina, es decir, en cuanto a la peculiaridad de la relación materna, del cuidado femenino, del decoro de las casas, de la comida, en cuanto al compromiso femenino de crear contextos en los que se puedan producir cosas buenas para que haya menos sufrimiento en el mundo, se salva esto con la entrada de las mujeres en el trabajo. Yo pienso que la motivación más fuerte que me ha impulsado y me impulsa a estar presente en la política de las mujeres es la de tener una vida buena para mí, para las y los que están cerca de mí y para el máximo número de personas posible. Por tanto esta pregunta es fundamental para mí. Querría conocer vuestra experiencia y discurrir sobre ella con vosotras. (María-Milagros Rivera: a mí me gustaba más “discurrir”, porque “discutir” es un término tan manoseado que preferí poner discurrir, y lo digo porque en italiano discutere se usa más que en castellano, a mí me ha parecido hacerlo así, pero la palabra original era discutere)

[Continua el texto de Lia] En Milán, en la Librería, hemos programado sobre esta cuestión un ciclo de encuentros titulado: "Artes, oficios y profesiones hoy. Experiencias de mujeres en el mundo del trabajo”, y lo hacemos con mujeres periodistas, ejecutivas, empresarios, arquitectos, actrices, fotógrafos del periodismo, obreras, artesanas y trabajadoras en varios sectores, para escucharlas.

La tercera y última cuestión que desearía plantear es esta: sabemos que hoy para las mujeres el tiempo del trabajo está estrechamente enlazado con el tiempo de la vida. Que el tiempo, como entidad cualitativa, destroza sobre todo a las mujeres. Sabréis todas que estadísticamente las mujeres con hijos hacen el doble de horas de trabajo que los hombres. Por otra parte, las mujeres se destrozan para salvar una dimensión cualitativa del tiempo en el que están las cosas importantes de la vida: las relaciones, los sentimientos, los deseos. El primero es el tiempo medido por los plazos y vencimientos. Un tiempo literalmente vencido en el que ahora una cosa vale y luego deja de valer. El segundo, el tiempo cualitativo, es como una cuarta dimensión que congrega lo mucho que hay en torno a lo que amamos. Del uno al otro hay un salto que es también un salto fuera del orden impuesto. Fijar plazas parece que sea en realidad una de las operaciones preferidas por el poder tal vez para impedir que ocurra lo imprevisto. Todas hemos leído el capítulo de precioso de Iaia Vantaggiato "El tiempo que me queda. Relación entre el tiempo de la necesidad y el de la libertad", publicado en el libro Una revolución inesperada; pero ¿cómo se abre la cuarta dimensión que da sentido y valor a lo que somos para nosotras mismas, la respuesta puede ser el reflexionar sobre la posibilidad de hacer del trabajo una experiencia de libertad con personas con las que estamos de acuerdo, pero sobre todo con quienes estamos en desacuerdo: los hombres, buscando palabras que no cierren el pasaje o pasadizo entre nosotras y ellos. Yo pienso a propósito de esto que hace falta una invención política que plantee una contratación y una reflexión entre hombres y mujeres en el lugar de trabajo, en el sindicato y en todos los sitios en los que se reflexiona o se escribe sobre el trabajo, con la conciencia del conflicto entre los sexos en esta materia. La discusión ha empezado y me parece entender que para algunos hombres, sobre todo para los más jóvenes, para los que intentan disfrutar de cosas que tienen que ver con sus hijos, la cultura es de no separar de ellos este momento, subordinándolo al trabajo. Y hay interés por la reflexión femenina, sobre este punto. Por ejemplo el sociólogo francés Alain Touraine, en una entrevista reciente en un periódico italiano, habla de una política de la intimidad para hombres y mujeres. La llama femenina y la remonta a los nuevos movimientos. Pienso sin embargo que aquí es necesario renunciar a los discursos ya hechos y en cierto sentido es necesario volver a aprender a hablar.

Hemos oído la experiencia de muchas mujeres que con la práctica de la relación no consiguen modificar las relaciones, la organización en el trabajo, que es una experiencia común que compartimos. Por eso a ellas las contratan por el más relacional que tienen, pero yo pienso que todavía hoy, a excepción del trabajo autónomo, es muy difícil para las mujeres poner a debate eficazmente el modo de trabajar que encuentran ya estructurado por las reglas masculinas. Otras y yo hemos pensado que muchas mujeres prefieren adaptarse con sufrimiento, con dolor, a esas reglas, antes que protestar contra ellas por miedo a perder el puesto. Por miedo también a perder la estima de los colegas, etc. Reservando tal vez para la vida privada su gusto por las relaciones de calidad.