"LOS MIÉRCOLES MIXTOS del ENTREDÓS"

19 de Mayo del año 2004.       

Elena Lasheras Pérez

 

 

 

 

Tania y Milagros hacen un maravilloso "Entredós" que nos da un impulso importante y que nos mete en líos, estas dos mujeres nos enredan de manera descarada para que nos impliquemos con ellas en preciosos proyectos que en principio parecen un tanto descabellados.

 

Uno de estos proyectos preciosos son los Miércoles Mixtos del Entredós.  Para el primero de estos miércoles Tania me pidió que hablara sobre la autoridad, yo no me sentía preparada y además tenía dudas sobre los encuentros mixtos, y pensé que no podía hacerlo.

 

Han transcurrido ya tres o cuatro miércoles mixtos y en cada uno de ellos he aprendido algo importante.  Tania y Milagros con su empeño y vosotras y vosotros que participáis, me habéis hecho un regalo que no tiene precio.

 

Cuando Tania me volvió a pedir que preparara algo sobre la violencia  para este foro de intercambio amoroso de palabras, sentí que no podía decir no por muy asustada que estuviera, por muy incapaz que me sintiera de escribir algo sobre la violencia, aunque llevamos un año trabajando sobre este tema en mi grupo de mujeres. Sentía que no podía decir  no porque lo primero que me venía a la mente cuando pensaba en estos miércoles era agradecimiento a ellas dos por este regalo que me han hecho.

 

Otra cosa que me tranquiliza bastante los nervios, es que este no es un foro de debate, como muy bien Tania insiste en recordamos,  no es un espacio donde enfrentar o confrontar ideas y pensamientos, sino que todas y todos juntos, más cada una y cada uno dentro de nosotros  mismos, vamos en busca de repuestas a nuestras dudas, a resolver en lo posible las paradojas que tenemos dentro. No queremos rellenar con cualquier cosa el vacío que el ser, que el existir en este mundo nos produce, sino que queremos mirar ese vacío con una luz que lo ilumine.

 

Esa luz nos la puede dar la nueva civilización del orden amoroso de la madre, de la nuestra propia y también de la madre simbólica. Ella que nos cuidó y amó y que apenas empezaba una pelea intervenía para decir "besitos, besitos", porque nuestras madres nos han educado para que demos besitos a nuestro adversario y ésta es también una forma de civilización.

 

Estas palabras de "besitos, besitos" y otras que voy a utilizar, no son mías sino de este libro "Las guerras que yo he visto" y son de Luisa Muraro. Algunos estudiantes de la Universidad de Verona pidieron a los docentes que dedicaran las clases del 5 de Mayo de 1999 a la guerra de los Balcanes y ésta es una de las razones que dio Luisa en su clase para no adherirse a la guerra: "nuestras madres nos han educado para que demos besitos a nuestros adversarios y esta es también una forma de civilización”.

 

Enfrentarme a la bastedad de la palabra "violencia" me hace sentir confusa, a veces ajena. Pero también, a veces, la rabia que me provoca me hace sentir a mi misma violenta. La violencia en el mundo a través de la historia dentro de un orden simbólico patriarcal y escrita por hombres me abruma, guerras, genocidios, magnicidios, masacres, femicidios. Reflexionar sobre esta historia de la humanidad me da miedo, sumergirme en esta espiral de violencia masculina sin límite me aterroriza, siento miedo físico ante el posible sufrimiento de mi cuerpo y miedo por el cuerpo de mis hijas y por el cuerpo de otras y otros. Este miedo me lleva a una rabia enorme hacia la historia de poder de los hombres con su desprecio por la vida.

 

Entonces me vienen a la mente las palabras de otra mujer italiana Alejandra Bocchetti, que en su libro "Lo que quiere una mujer" dice: "me gustaría que se escribiera un documento que dijera lo extrañas que las mujeres son respecto a la guerra, que ese documento fuera traducido a todas las lenguas del mundo y que llegase al mayor número de mujeres posible y que constase como testimonio la no responsabilidad de las mujeres en la guerra. Que conste por escrito en cualquier lugar que las mujeres no han querido todo esto por que ni siquiera lo hubieran podido pensar.!!!!!! Pío pío que yo no he sido!!!!!!.

 

La violencia extrema es exclusivamente masculina. Entonces con los puños bien apretados por el dolor y la rabia que me produce esta violencia en que las mujeres no han participado, siento también cuantos hombres estarían de mi lado, junto a mí cuerpo sintiendo miedo y rabia a la vez y que no son indiferentes ante tanta maldad.

 

Con toda esta reflexión me siento agotada y llena de estupor, realmente me siento alejada y ajena a toda esta violencia sin límite. Ajena que no indiferente, porque yo siempre he sabido que formo parte del mundo y lo que en el mundo sucede me afecta, aunque no forme parte de mi experiencia. Yo no he vivido un estado de guerra, aunque mi madre me contó de nuestra guerra, como ella la llama. El racismo tampoco lo he vivido, soy blanca y occidental. No me han violado, ni han utilizado conmigo la violación como arma de guerra, no me han agredido físicamente ni mi padre, que era un hombre bueno, ni mi marido, el padre que yo elegí para mis hijas y tampoco trabajo en una maquila del norte de México. Pero tanta violencia contra las mujeres...

 

 

Y de nuevo comencé a sentirme enfadada, muy enfadada y la rabia iba inundando mi corazón... no, mi ajenidad no era indiferencia. Asustada de mi propia violencia, volví a recordar aquello que dicen las madres ante una pelea "besitos, besitos", dar besitos a tu adversario. Estas palabras me hablaban de amor y el amor no cabe en las guerras, en las violaciones, en las muertes de madres e hijos a manos de los padres.

 

 

 

Los domingos por la mañana los dedico a la limpieza; limpio el polvo, paso la fregona, ordeno mi armario, como también hacéis alguna y alguno de los que estáis aquí. Y también ando dándole vueltas a las cosas que me rondan por la cabeza El domingo pasado empecé a poner orden en mi mesa de trabajo que estaba tan confusa como yo y ya no encontraba ningún papel. Es peligroso ponerme a ordenar los papeles porque pierdo mucho tiempo, no puedo evitar la tentación de volver a leer los  textos de otras y también míos de estos últimos meses de encuentros y talleres en el Entredós: La educación no separada de la vida, mi trabajo es un don del que disfruto y ofrezco, el dinero no es medida para lo amoroso, la relación por el gusto de estar en relación, lo oscuro, atravesar lo oscuro... y unas hermosas palabras que Alba escribió para la presentación del libro de Sofías: "Y sumando voces, mediaciones, autoridad femenina, siento que seguimos yendo mas allá, confirmándome que feminizar consiste en civilizar".

 

Cuando terminé de ordenarlo todo, cada cosa en su carpeta, mi mesa quedó preciosa y también me había tranquilizado leer lo que se dice y hace en el Entredós, yo buscaba el amor, la relación y la belleza en el mundo igual que lo busca cualquier otro ser humano. Poniendo orden en mis papeles y en mis emociones llegué  a un pensamiento pequeñito: la violencia es un desorden, era un pensamiento pequeñito, ya sabíamos que es un desorden pero a mi me dio paz,  porque vi como dejándome arrastrar por estos pensamientos sobre la violencia, también me estaba desordenando yo. Algo no estaba funcionando bien en mi reflexión, tenía que apoyarme, como decía Alba en ese texto, en las practicas de libertad y de paz que las mujeres habían hecho a lo largo del tiempo.

 

Las beguinas en el medievo, pasando más allá de la ley de la iglesia, continuaron en su relación directa con Dios y con la gente más pobre. Frente al genocidio de los conquistadores de América, las mujeres indígenas les dieron hijas e hijos. Las sufragistas enseñaron a Ghandi su práctica de la paz que más tarde él puso en juego en su país. Las madres de la Plaza de mayo practicando día a día la paz han dejado al descubierto la violencia de un gobierno. Un grupo de madres de Bosnia fundó "Baluarte de amor" desde el que pidieron al gobierno que les fueran devueltos sus hijos que estaban haciendo el servicio militar obligatorio y Mujeres de Negro de Belgrado apoyaron y escondieron a los desertores de esa guerra. Las mujeres Chipko de la India se abrazaron a los árboles del bosque que les daba alimento y fuerza para la lucha e impidieron que los talaran.

 

!!!!!Que inmensa trabajera la de las mujeres dando la vida y criando hijas e hijos para poco mas tarde cuidarles y salvarles de que vengan otros a destruirles!!!!!!!!!!. Pero todo este trabajo de las mujeres y también el de algunos hombres es insuficiente. La violencia permanece y hasta a veces parece que la de este siglo recién estrenado es más cruenta, más destructora para los hombres, pero sobre todo para las mujeres. Es como si la madre no tuviera brazos suficientes para abrazar con su amor toda la maldad del mundo.

 

 

Si yo creo, y lo creo firmemente , que la bondad existe, también he de creer que existe la maldad. Y ¿como hacer cuando te encuentras con la maldad?. Y les pregunto a aquellas que han dejado escrito sobre la maldad y que la sintieron en sus propios cuerpos. Dos mujeres filosofas judías poniendo su cuerpo en el centro del  exterminio de los nazis. Simone Weil y Etty Hillesum, tanto en una como en la otra hay una lúcida conciencia de que cualquier bandera: el totalitarismo, el comunismo, el socialismo, el catolicismo, la democracia, puede servir de justificación para la misma violencia, para la misma maldad.

 

Una de ellas Simone Weil, poniendo su cuerpo en juego, eligió vivir con el mismo dinero que recibían los huelguistas entregando a la caja de resistencia el dinero que le sobraba de su sueldo de profesora, trabajó como obrera de la Renault en su cadena de montaje durante un año, comió las mismas insuficientes calorías que daban a los presos en los campos de concentración y también decidió vestirse de miliciana empuñar un fusil y luchar en la columna Durruti en 1936 en España. Puso su cuerpo en el centro porque ella lo que quería era entender y para ello eligió la puerta de los más humildes y necesitados, pasar hambre frío trabajar en lo más alienante y saber que se sentía cuando se tiene un arma en las manos.

 

Después de todas estas experiencias escribió muchos libros con su pensamiento. En uno de ellos, Simone Weil nos dice: “ Desde la más tierna infancia y hasta la tumba hay en el fondo del corazón de todo ser humano, algo que a pesar de toda la experiencia de los crímenes, cometidos, sufridos y observados espera invenciblemente que se le haga el bien y no el mal. Es eso, ante todo, lo que es sagrado en cualquier ser humano”.

 

También pregunto a otra filósofa judía, Etti Hillesum que eligió trabajar en un campo de concentración, de donde partían los presos hacía Auchwitz, a huir al extranjero y salvar su vida. Ella nos dice: “si nosotros, los judíos no sabemos ofrecer al mundo empobrecido de la postguerra nada más que nuestro cuerpo salvado a toda costa, y no un nuevo sentido de las cosas, sacado de los pozos más profundos de nuestra miseria y desesperación , eso (nuestro cuerpo a salvo) no valdrá la pena”.

 

Etty escribió varios tomos de su diario y muchas cartas a sus amigas y a sus amigos. Sus padres y su hermano pasaron por ese campo de concentración donde ella cuidaba a los presos y los vio partir en el tren que les llevaba hacia Auschwitz,  hubiera dado todo de sí por salvarles la vida.                                                             

 

“La inmundicia que hay en los demás,(escribe en uno de sus diarios) está también en nosotros, y no veo ninguna otra solución, la verdad es que no veo ninguna otra, más que la de recogernos en nosotros mismos y expulsar de nosotros nuestra inmundicia”.

 

Y cuenta en una carta: “estoy junto a los hambrientos, junto a los maltratados y moribundos todos los días, pero estoy también junto al jazmín y a ese pedazo de cielo que veo a través de mi ventana, en una vida en la que hay sitio para todo, para la fe en Dios y para un fin miserable”.

 

Ellas creían firmemente que ofreciendo su cuerpo al dolor, al martirio, estando del lado de los más pobres, más humildes, más despojados se podría liberar  al mundo de la violencia.

 

 

 

Amo mi vida, amo la vida, tengo miedo al sufrimiento y ese Dios de la que las dos me hablan todavía está muy alejado de mí. Y digo todavía porque  cuanto más mayor me hago tengo más dudas y menos seguridades dentro de mí. Y vete a saber, quizá algún día vuelva mi mirada hacia la mística y se, porque lo he aprendido de otras, que mi mirada sobre el mundo al igual que la de estas dos mujeres, también puede ser medida.

 

 

He leído recientemente en el último número de Duoda una carta traducida por Milagros Rivera .

 

Rachel Corrie, la muchacha estadounidense que fue asesinada deliberadamente en Palestina en Marzo del 2003, cuando intentaba evitar con su cuerpo que derribaran otra casa en Rafah, escribía en su última carta a su madre:

 

“Pensé mucho en lo que me decías por teléfono sobre la violencia palestina, que no ayuda a mejorar la situación....... el número de casas destruidas en Rafah desde el principio de esta intifada es de unas seiscientas. ..... Y entonces llegan las excavadoras y se llevan por delante los huertos y plantaciones de verdura de la gente. ¿Qué es  lo que les queda?. Dime si se te ocurre algo. A mí no. Si a alguien entre nosotros le destrozaran por completo la vida y el bienestar, si viviera con sus hijos e hijas en un lugar en el que sabe por experiencia que los soldados y los tanques y las excavadoras pueden llegar en cualquier momento y destruir todos los invernaderos que habíamos cultivado por el tiempo que fuera y lo hicieran mientras algunos eran golpeados y hechos prisioneros.......... Pienso en ti y en los años que se necesitan para que las cosas crezcan y en que es una tarea que se hace por amor. Realmente pienso que, en una situación similar, la mayoría de la gente se defendería lo mejor que pudiera. Pienso que la abuela, probablemente, lo haría. Creo que yo lo haría”.

 

 

Y también dice la carta de Rachel: “Pero estoy divagando. Lo que quiero escribirle a mi madre es que estoy siendo testiga de este genocidio y que estoy asustadísima: me cuestiono mi fe inquebrantable en la naturaleza humana. Esto hay que pararlo. Creo que vale la pena que todas y todos lo dejemos todo y dediquemos nuestra vida a pararlo”.

 

 

 

¿Utilizar la violencia para defenderme de la violencia es una actitud moral y noble, utilizar la violencia para defender a otras y otros de la violencia es lo que deseo hacer ? ¿o lo que quiero es quedar en silencio, sufrir con los que sufren, tratar de entender el porqué de la violencia, mirar a través de los ojos de una madre, o sea con amor de madre a los que ejercen esa violencia?.

 

¿Cuál de las diferentes actitudes podrían frenar la violencia?.

 

 

Y vuelvo al Entredós. Al día siguiente del atentado en Madrid, casi doscientos inocentes muertos, el gobierno y las mentiras, convocatoria de manifestaciones..... un batiburrillo de sensaciones, extrañeza, desconcierto, ajenidad, dolor..... teníamos reunión de la Escuela Libre de Entredos. Y aquí  junto con otras, mis amigas, y quizás de una manera egoísta, vine a reconfortarme, buscando consuelo con mis semejantes, y compartimos nuestro desconcierto ante la violencia, el sufrimiento con los inocentes y, casi sin darnos cuenta, llegamos a hablar de nuestra propia violencia, de la violencia que hay dentro de cada una de nosotras, y en ese momento también nos situamos cerca de los violentos que habían convocado tanto dolor y tanta muerte, aunque de sobra sé que no es mi violencia igual que la otra.

 

“Besitos, besitos”, me dice Luisa Muraro, besitos, besitos me decía mi madre y trato de mirar a los ojos de esa niña que era yo a los tres años dando besitos al niño que había pisoteado su muñeca.

 

Y me pregunto a mi misma, que he querido deciros con todas estas palabras. No lo sé. Solo he podido transmitiros mi propia confusión. No os he podido transmitir ni un poquito de verdad, porque no tengo una verdad.  Por que sé que hay otras verdades y no una absoluta y si un día caigo en la tentación de creer que tengo la verdad, es muy probable que trate de imponerla, quizás también a través de la violencia.