Clara Jourdan

POLITICA EN PRIMERA PERSONA: LA LIBRERIA DE MUJERES DE MILAN

Seminario, Fundación Entredós, Madrid 4 de marzo de 2006

 

PRIMERA PARTE

Deseo y relación

 

Este seminario trata de política en primera persona, o sea de la política que una mujer o un hombre hace directamente y en nombre propio, sin delegar en políticos profesionales u organizaciones y sin pretender actuar para las o los demás. Hablaremos de esta política a partir de la experiencia femenina de cada una de nosotras que estamos aquí ahora. Es decir, considero este seminario un momento de política en primera persona. Mi experiencia se ha desarrollado y elaborado en la Librería de mujeres de Milán. En el libro que he sugerido leer, No creas tener derechos, escrito por un grupo de mujeres de la Librería, se explican el origen y las características de la práctica que deseo poner en juego aquí en el seminario. Espero que lo hayáis leído porque yo no hablaré del libro sino de mi propia política, de la cual este libro continúa enseñándome el sentido desde que ha salido en Italia en 1987. El hecho de que horas y HORAS el año pasado haya decidido reeditarlo aquí porque la edición de 1991 se había agotado, me confirma sobre su posibilidad de utilizarlo en la actualidad.

Entonces hablaré de mi política en primera persona y al mismo tiempo de la Librería de mujeres de Milán, como anuncia el título del seminario. Me gusta que este título suene un poco contradictorio, dado que la Librería no es una persona, porque deseo que nos coloquemos, desde el principio, en un sentido no individualista de "en primera persona", y que no penséis en la Librería de mujeres de Milán como un colectivo, una organización o una institución (contrapuesta a lo individual) sino como un tejido de relaciones (y tal vez una figura simbólica de la política).

Además, este título expresa el doble origen del seminario. Hace dos años, Ana Mañeru me propuso un seminario sobre la política en primera persona, yo dudaba en aceptar (luego diré por qué), entonces Elena Lasheras me propuso que el seminario lo hiciera sobre mi práctica política en la Librería de mujeres de Milán y finalmente acepté. Os cuento esos pasos para que conste que el seminario se debe a Ana y a Elena, a las que quiero agradecer, y también porque este proceso muestra un aspecto de mi forma de hacer política en primera persona, que experimenté en la Librería por primera vez hace muchos años y continúo ahora. Mi experiencia puedo decirla así: cuando una mujer me pide ir a hablar en público o escribir, yo soy conciente de que no estoy a la altura de esto pero acepto hacerlo. Fue Luisa Muraro que por primera vez me pidió cosas que yo no sabía hacer y las hice, como ir a Madrid en 1992 a presentar No creas tener derechos, entonces traducido al castellano. Todo lo que he hecho en la Librería y a partir de la Librería está en esta dimensión y lo vivo con esta disposición interior, con el sentido de que se trata de algo más grande que yo, que mis capacidades y mi inteligencia. Antes esto me provocaba mucho miedo y demasiada inquietud, ahora un poco menos, pero el sentido sigue siendo lo mismo. Lo que quiero subrayar es que es la petición de la otra lo que me mueve, o sea que es una forma de política en primera persona intrínsecamente relacional, que depende de la relación desde su origen. Entre las mujeres que conozco en la Librería de Milán, la política en primera persona se expresaría mejor como política del deseo, o sea como una política que nace de los deseos de una, y esto impulsa hacia las relaciones. No es que en mí no haya deseo, sino que el deseo se despierta y se dirige a través de las relaciones. Si se me despierta sin petición ajena, por ejemplo el deseo de escribir un artículo para decir una idea que me ha venido a la mente, no tengo bastante volundad como para realizarlo. Mi forma de actuar me muestra que preciso sentir una necesidad más grande que mi propio deseo, y la necesidad más grande me la dicen las demás. (Entonces no soy una artista, las artistas la encuentran en sí mismas su necesidad grande.) Es la primera vez que hablo de esto, porque estaba acostumbrada a contrastar mi experiencia con una imagen de política en primera persona que yo convertía en un "deber ser", así que juzgaba como defectuosa mi experiencia real; ahora he cambiado: cuando hay algo que no encaja con las ideas lo miro, para sacar de mi experiencia un saber de la experiencia femenina.

Por esto dudaba en aceptar la invitación de Ana: para hablar de política en primera persona tengo que partir de mí, pero no me siento un caso ejemplar de política en primera persona. De todas maneras, mi experiencia testimonia que hay varias experiencias de esta política en la Librería, no hay un modelo. Porque la política en primera persona es una política a partir de sí, y cada una somos distintas. Lo que nos une, lo que tenemos en común en la Librería es que ponemos en primer lugar la relación mujer con mujer, que queremos crear autoridad femenina en el mundo, y que somos concientes de la necesidad de política de lo simbólico.

Mi politica en primera persona como fruto de la relación es lo que experimenté por primera vez en la Librería, como dije, y lo que me ha permitido hacer cosas inimaginables para mí. Porque es allí donde descubrí el sentido y la enorme potencialidad de las relaciones entre mujeres: lo que es lo impensado en la cultura en que nací. En cambio, del hacer política actuando en primera persona cuando percibo su necesidad en el contexto en que me encuentro, ya había tenido experiencia (aunque sin nombrarla) antes de relacionarme con la Librería. A finales de los Setenta-principio de los Ochenta, en las escuelas italianas había un movimiento de profesores, sobre todo en los institutos de secundaria donde trabajaba yo: luchábamos para disminuir el número del alumnado de las clases, para tener el puesto fijo (no se hacían oposiciones desde hacía muchos años), para aumentar el salario etc. Yo participaba en las luchas, pero no las promovía. Hasta que un año me encontré en un instituto donde no hacían asambleas, huelgas etc., mientras en todo Milán las hacían. Yo, que deseaba que nos movíamos también las y los profesores de mi instituto, caí en la cuenta de que si no lo impulsaba yo no acontecería nada. Entonces decidí dentro de mí dejar el miedo - me recuerdo muy bien el momento exacto en que ocurrió (han pasado 25 años) - y de repente empecé a promover asambleas y hablar en las asambleas, yo que nunca lo había hecho antes: cambié porque lo sentí necesario. Fue una contratación interior, entre mí y mí, precisamente como la contratación de la que se habla en El final del patriarcado ("¿Qué estoy yo dispuesta a dar a cambio de qué?", pág. 34). En aquel movimiento de profesores se practicaban todavía formas masculinas de política, pero algo auténtico se movilizó en mí y salió fuera. De esta experiencia me ha quedado la conciencia de que hay algo que si no lo hago yo no lo hace nadie. Y la conciencia de que se puede romper con la repetición de tus dinámicas interiores, es decir que se puede ganar libertad. Así que cuando me reconocí en la Librería, leyendo en 1987 su libro recién salido No creas tener derechos, y descubrí qué era lo que realmente me importaba, la diferencia de ser mujer, yo ya estaba en una dimensión de entender la política como un activarse en primera persona, y con un sentido más protagonista que la participación en un movimiento, que es también una forma de política en primera persona. Porque, efectivamente, la primera forma de política en primera persona que conocí fue la forma de estar en el movimiento de las mujeres de los años Setenta, participando intensamente en las cosas que otras mujeres promovían, sintiéndome feminista y viviendo en mi vida cotidiana un cambio histórico que acontecía.

Este libro No creas tener derechos, que narra la historia de la Librería, fue mi kairòs, mi oportunidad personal de libertad y de protagonismo que está también en el orígen de nuestro encuentro de hoy. Entre los elementos dispares que se combinaron como kairòs se encuentra el hecho de que yo había estudiado castellano en la universidad, que se combinó con el hecho de que en 1992 la Librería de Milán recibió una carta de la Plataforma autónoma feminista firmada por Ana Vargas que nos invitaba a presentar No creas tener derechos en un acto en Madrid. Siempre recuerdo esto como el principio concreto de mi relación con "España" - y para mí "España" son las mujeres de las varias ciudades de la península que he encontrado -, porque las relaciones que empezaron desde aquel momento, in primis la relación con Milagros Rivera que conocí precisamente en aquel acto, son muy importantes en mi vida también cuando estoy en Italia.

Pregunta: En tu experiencia de política en primera persona, ¿qué significa para tí protagonismo femenino?

 

SEGUNDA PARTE

Poner en palabras

 

Hemos visto cómo la Librería de mujeres de Milán es un lugar que despierta y pone en movimiento deseos femeninos a veces escondidos bajo la adhesión a necesidades pensadas por otros, y activa capacidades para realizarlos. Ahora veremos algo de lo que se hace concretamente allí, desde mi punto de vista y en función de nuestro seminario.

Una actividad que caracteriza la Librería es poner en palabras. Poner en palabras la experiencia femenina y el mundo con el corte de la diferencia femenina, o sea con la conciencia de que en nuestro conocimiento de la realidad el hecho de ser mujer da y tiene sentido. Fue esto lo que hicieron las autoras de No creas tener derechos, y es esto lo que empecé a hacer yo también. Leyendo el libro No creas tener derechos yo reconocí mi experiencia puesta en palabras por otras mujeres: la experiencia feminista que yo había vivido en el movimiento de las mujeres desde los años Setenta estaba nombrada como "generación de la libertad femenina". Y además de reconocerme en esto, gracias al libro descubrí que las relaciones entre mujeres tienen una envergadura mucho más ancha de lo que imaginaba también desde mi feminismo, y aprendí formas de relación que movilizan fuerzas profundas, más profundamente de lo que había experimentado en el psicoanálisis.

Desde entonces, la conciencia de la importancia de poner en palabras nunca ha faltado en mi práctica. Junto a la conciencia de la importancia de escribir y publicar lo que sale a la palabra, para que otras puedan reconocerse, como me había ocurrido a mí. Entre los textos que he contribuido a elaborar está El final del patriarcado, escrito en 1995 y en seguida traducido al castellano por Milagros Rivera y publicado por la Librería Pròleg de Barcelona que lo publicó también en catalán. En este texto adelantamos la idea de un cambio histórico mundial: tal vez no todas aquí están de acuerdo, porque sigue habiendo mucha violencia en contra de las mujeres. Pero quiero que consideréis el nivel simbólico de la realidad: o sea que al patriarcado ya no le damos crédito las mujeres, aquí en Europa igual que allá en Asia o en Africa, y un orden simbólico no sigue sin crédito.

He sugerido leerlo también como ejemplo acertado de un trabajo relacional de poner en palabras, lo que no significa que después de diez años no haya cosas que se puedan decir mejor. El trabajo de poner en palabras no puede pararse, porque el mundo cambia y nosotras también. Encontrar palabras para la realidad cambiada es lo que intentamos con la revista Via Dogana, que sale cuatro veces al año desde 1991 y a la que contribuyen también mujeres que viven en otros sitios (algunas aquí).

Quiero señalar dos cosas de esta práctica de poner en palabras. Una es que buscar con otras el sentido de la realidad es una actividad no tranquila, a veces es tranquila, sí, pero muchas veces hay discusiones fuertes, a veces vuelves a tu casa insatisfecha, con malestar etc. Porque se necesita que se den juicios, y las opiniones pueden salir ásperas e incluso pesadas, como que tu idea es una tontería... O sea, la autoridad que circula, la medida que recibes puede ser no muy agradable: tomar en serio lo que se dice lleva consecuencias, que a veces son duras a aceptar, a veces salen conflictos o contrastes que te afectan en lo profundo, porque las relaciones entre mujeres evocan y actualizan cosas no resueltas de tu relación de niña con tu madre. Lo señalo porque es en esta forma difícil que hemos encontrado palabras importantes que otras mujeres han sentido como verdaderas. (Puede ser que en otros sitios se ponga en palabras con más cortesía pero con los mismos resultados, me gustaría saberlo, porque realmente a veces nuestras discusiones me cansan mucho.) La otra cosa que quisiera señalar es que hay que ser conscientes de que no todo de lo que nos parece importante se puede decir, no sólo en el sentido de que no se encuentran las palabras adecuadas, sino también de que hay cosas que es mejor callar, por ejemplo porque son demasiado negativas y hace falta esperar aguantando el dolor y buscar hasta encontrar o vislumbrar un punto positivo para poder hablar sin dejarse llevar al abismo del propio negativo. O sea, que también lo negativo puede enseñarnos algo precioso, pero solo si no nos dejamos arrastar por eso.

Antes he llamado "trabajo" la práctica de poner en palabras, porque efectivamente lo es. Es un trabajo también en el sentido de que precisa hacer más cosas concretas que hablar en las reuniones. Las libreras y las editoras y las entredosas aquí presentes lo saben muy bien, no me detengo pero deseo subrayar su importancia para mí: en la Librería, para tener confianza en una mujer necesito poder contar con su trabajo. Hay un pensamiento de Simone Weil que me corresponde mucho. En el texto que citamos en El final del patriarcado, sobre que hay "un delicioso acuerdo que genera todas las guerras", ella decía (unas líneas antes) que en cambio "el trabajar, la cooperación hace nacer una amistad que crea la paz" (esbozo de un artículo juvenil no terminado, 1928, citado en su biografía: Simone Pétrement, La vita di Simone Weil, Adelphi, Milano 1994, p. 78). Yo lo entiendo y lo vivo así en mi experiencia política.

Fue a través del trabajo como pude atreverme a relacionarme con algunas mujeres "jóvenes" (entre comillas porque es una categoría que no me convence, de todas maneras estas mujeres tienen edades en torno a los treinta) que empezaron en la segunda mitad de los años noventa a frecuentar la Librería: se llaman Sara Gandini, Laura Colombo, Laura Milani, Serena Fuart. Hay más, pero es con estas cuatro con las que me relaciono, y precisamente porque tenemos un trabajo común, el de la página web de la Librería: ellas hacen, con gusto y sin escatimar tiempo y energías, todo el trabajo técnico y el gobierno de la página, además del trabajo de pensamiento que hacemos todas. Y fueron ellas quienes quisieron la página de la Librería como lugar de práctica politica (no solo de información) y nos convencieron e hicieron los pasos para realizarla (Laura Colombo y Sara Gandini cuentan su apuesta en el artículo In rete, è possibile?, "Via Dogana" n. 62/2002). Su protagonismo en esto me ha permitido reconocer su más, y reconocer el más de la otra es lo que me permite relacionarme con una mujer. Ahora ellas están tomando protagonismo también promoviendo encuentros públicos en el Circolo della Rosa para reflexionar sobre cuestiones que les importan especialmente (como la relación madre-hija, en un ciclo de siete actos, entre enero y junio 2006, titulado Entre el matricidio y el monumento a la madre: la política de las mujeres). En estos actos ellas quieren poner en juego su diferencia generacional porque la consideran importante, mientras que para mí no lo es; aunque me doy cuenta de que ellas viven su juventud en un mundo diferente del mundo en el que he vivido yo mi juventud, a mí me ha quedado el sentir que había en el movimiento de las mujeres donde jovenes y viejas compartíamos las mismas exigencias, así que, aún hoy, yo tiendo a considerar las diferencias entre mujeres solo en singular, no entre colectivos de mujeres. De todas maneras, su recorrido me interesa, y estoy convencida de que realmente hemos traído al mundo la libertad femenina, lo que quiere decir que las mujeres que vienen después de nosotras saben y eligen ellas lo que desean o necesitan hacer y pensar. O sea, que si ellas no siguen en lo mismo, no significa que no les hemos transmitido lo que queremos transmitirles: estoy de acuerdo con la idea de Françoise Collin de que el feminismo es una herencia sin testamento (en VvAa, Feminismos fin de siglo. Una herencia sin testamento, especial "Fempress", Chile 1999. La expresión la ha tomado del poeta René Char). Cuando ellas continúan las formas que hemos inventados, para mí está muy bien sobre todo porque me permite relacionarme con ellas en este momento, pero no imagino una necesaria continuidad de realizaciones. Lo que en cambio pienso que no puede faltar nunca es la creación de simbólico, el trabajo de pensar, decir y publicar.

Lo que me encanta del momento presente de la Librería es que en la página web seguimos el trabajo de poner en palabras como lo hacíamos antes, o sea hablando y discutiendo en las reuniones para alimentar la página - hemos reanudado las reuniones del jueves por la tarde que se habían suspendido durante años -, pero experimentando también formas nuevas, surgidas y posibilitadas por la red. Os sugiero visitar nuestra página, como tercer "texto" del seminario, porque representa una forma de hoy de poner en palabras, que se parece a otras, pero es también distinta. Por ciertos aspectos es una forma de publicar los frutos del poner en palabras, como una revista pero más rápida y vasta: colgamos artículos etc., en parte escritos para la red (por nosotras o por otras y otros) pero sobre todo cogidos de la prensa cuando nos parecen que contienen cosas importantes. Por otros aspectos en cambio nuestro sitio mismo - www.libreriadelledonne.it - representa un lugar de práctica de relación y de poner en palabras: esto se da sobre todo gracias a las relaciones que ellas - nuestras dos webmaters (Laura Colombo y Sara Gandini) y las demás que trabajan en la página - consiguen entablar a través de la red misma. Digo "ellas" porque relaciones en la red yo no las entablo, yo continúo con las formas más antiguas, entonces no puedo explicar bien como se desarrollan esas relaciones. Podría decir que si de No creas tener derechos soy lectora y de El final del patriarcado soy autora, de www.libreriadelledonne.it me siento nodriza. Mi aporte es alimentar y visitar la red, lo hago con mucho gusto pero no voy más allá. Sin embargo soy conciente de que la forma en que ellas practican la red pueda ser una contribución muy significativa a la política de las mujeres y espero saberla entender cuando la pongan en palabras.

Pregunta: Desde tu experiencia política, ¿has sacado algún saber que consideras importante y que te parece que todavía no ha sido escrito o dicho publicamente por nadie?

 

TERCERA PARTE

Política y libertad

 

Antes decía que no imagino para el futuro una necesaria continuidad de nuestras realizaciones históricas y no me importa. Concretamente, no sé si algo como una librería de mujeres será necesaria para quienes vendrán después, igual que otras cosas que para mí lo son ahora. Yo sigo considerando importante la existencia de lugares de mujeres, como la Librería y el Circolo de la Rosa, por lo que hago allí y por el sentido que tienen estos lugares. Una vez Lia Cigarini ha dicho que la Librería de mujeres de Milán es "una figura de la autoridad femenina". Pero me pregunto por si son realmente necesarias, y cuál es su necesidad, hoy que podemos decir que el mundo es el mundo de las mujeres.

En Italia ha pasado algo, recientemente, que me ha hecho reflexionar también sobre esto. En noviembre-diciembre del año pasado (2005), empezaron ataques en contra de la ley que legaliza el aborto (la ley 194 de 1978). Estos ataques - en forma de discursos públicos repetidos - provenían de hombres políticos (del gobierno de derecha) y de las jerarquías de la Iglesia católica, especialmente del presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, o sea el jefe de los obisbos italianos, cardenal Camillo Ruini. Durante una reunión en que hablábamos de esto (era una reunión de las que llamamos de redación "ancha" de Via Dogana, para buscar el tema del número de la revista), salió la intuición de que tal vez no era la ley el objeto de los ataques, sino el feminismo: lo que querían eliminar es el feminismo mismo, la política de las mujeres. Lo que ocurrió después confirmó esta intuición, porque hubo en Italia una gran movilización política de mujeres y también de hombres, que tuvo su cumbre de visibilidad en una manifestación en Milán de 200.000 personas el 14 de enero pasado.

Eliminar el feminismo, ¿qué quiere decir? No quiere decir volver a someter a las mujeres a la subordinación a los hombres. Esto no tendría sentido hoy, porque el patriarcado realmente se acabó como civilización, todo el mundo considera incivil la sumisión de las mujeres. Además, parece que tampoco la ley del aborto querían realmente modificarla, como declararon todos los políticos (aunque después de la movilización). Porque en el mundo de hoy la libertad individual, como principio, ya no se puede tocar: la ideología del libre mercado, que es la única ideología que ha quedado, no deja fuera la libertad de las mujeres como individuas. Pero es precisamente aquí donde hay un problema, porque el feminismo da una interpretación política de la libertad femenina, una interpretación que no encaja con la ideología del libre mercado. Por esto hay que quitar de en medio el feminismo, para favorecer la interpretación individualista corriente de la libertad de las mujeres.

Pero si hoy la libertad femenina es aceptada y el feminismo sigue constituyendo un problema, esto quiere decir que nos encontramos en un momento histórico en que no hay coincidencia entre libertad de las mujeres y política de las mujeres. Se puede concebir libertad femenina sin política.

Esto de la libertad sin política es una novedad del mundo de hoy, donde la libertad se expresa máximamente como libertad de elegir, elegir lo que ofrece el mercado (en Italia, los domingos los centros comerciales están llenísimos de gente): no es por casualidad que cuando los medios de comunicación hablan de libertad de las mujeres, la entienden siempre, reductivamente, como libertad de elegir. Es la libertad de elegir de las mujeres lo que está fuera de cuestión en nuestra sociedad. Pero esto, además de reductionista trata de incluir a las mujeres en la visión tradicional masculina de la libertad, la individualista, lo que presenta problemas, porque las mujeres no caben en esta representación, por su "capacidad de ser dos", como la llama M. Milagros Rivera. Entonces la libertad de una mujer pone en juego algo más que el yo, pone en juego la conciencia de la posibilidad de lo otro, presente ya en la conformación misma de su cuerpo. Algo que no se puede decir claramente con los lenguajes corrientes de la libertad. Algo que sin embargo se muestra en práctica, en las prácticas de las mujeres que a lo largo de la historia conocida han intentado mantener como relaciones humanas singulares las relaciones que las civilizaciones tienden a enjaular en los papeles sociales. Es algo precioso para la libertad humana, y que se ha encarnado en el feminismo. El feminismo que yo he conocido ha vinculado la liberdad a las relaciones, prácticamente: la libertad femenina ha venido al mundo gracias a las relaciones entre mujeres, que han llevado a tomar conciencia de que una mujer es libre porque es una mujer, no no obstante, como está escrito en la Constitución italiana (Lia Cigarini). Y en el feminismo ha acontecido la toma de conciencia de la libertad femenina como libertad relacional: una libertad que se genera en las relaciones no puede ser representada por la idea de que "mi libertad acaba donde empieza la libertad del otro", que es la idea individualista de la libertad. La libertad femenina, en suma, es una libertad que no requiere justificaciones pero no se puede definir egocéntrica. Es una libertad que vale por si misma pero es altruísta, si así se puede decir. Una libertad que mantiene la huella de la relación originaria con la madre, de un vínculo que no tiene nada que ver con los vínculos del capitalismo. Por esto el feminismo es anómalo respecto al libre mercado.

Además de ser anómalo, también da miedo a quienes conciben las relaciones en términos de poder. La libertad femenina nasce de las relaciones entre mujeres. Entre mujeres: o sea en una forma que siempre ha dado miedo en la historia. El imaginario (masculino) de las mujeres juntas hace temible la libertad femenina política, no la libertad individualista, donde las mujeres son vistas una por una.

Hoy día, las relaciones entre mujeres siguen expresando lo político del feminismo. Lo demuestra el hecho de que es un nudo de reflexión que nunca pierde de interés, como vemos por ejemplo en la Agenda de las mujeres, que este año 2006 está dedicada a las formas de relaciones entre mujeres a lo largo de dos milenios de historia. Y lo demuestra lo que ha ocurrido en Italia después del ataque a la ley del aborto: hubo una movilización también de mujeres que antes estaban calladas, una intensificación de relaciones entre mujeres, de las que las asambleas y la manifestación de las 200.000 sólo han sido las formas más visibles por los medios. Podemos decir entonces que es esto el feminismo: no la ideología de la igualdad o de los derechos ni la libertad individual de las mujeres, sino las prácticas de relación entre mujeres. Es esto lo político del feminismo que lo hace temible hoy, hoy que el patriarcado ha terminado. Es decir que la libertad femenina está ganada, el conflicto se da sobre la interpretación política de la liberdad femenina.

Si el conflicto simbólico de hoy es esto, se plantea con esta conciencia la cuestión de la necesidad de lugares de mujeres: lugares que signifiquen la política de las mujeres. O sea las relaciones entre mujeres. Lugares como han sido los salones en los siglos XVI y XVII, en la época de la civilización de la conversación, y las librerías en el siglo XX, en la época de la escuela y los libros accesibles a todo el mundo. No sé cuáles formas tendrán los lugares del siglo XXI. Pueden ser lugares en la red o algo que todavía no se ha inventado. Puede ser que continúen también las librerías o se repropongan lugares históricos, como podemos comprobar aquí, pues Entredós como los Círculos de la rosa de Milán, de Verona y antes de Roma, tienen algo de los antiguos salones. Se trata de lugares que testimonian que no se puede prescindir de la política, de la política en primera persona, y menos aún hoy que la libertad se puede entender separada de la política. Creo que ésta pueda ser su necesidad hoy: ser figuras de la política de mujeres. Pero lo importante, a mi modo de ver, es que estos lugares no se limiten a ser testimonios y testigos del feminismo, sino que se siga con el trabajo del simbólico, o sea de poner en palabras el mundo a partir de las relaciones.

Pregunta: ¿Este lugar en que nos encontramos hoy, es necesario? ¿Cuál es su necesidad?