Homenaje a mujeres republicanas en Entredós. 14 de abril de 2009

 Ana Mañeru Méndez

 

Hace setenta y ocho años, muy cerca de aquí, de Entredós, en la Puerta del Sol de Madrid, poco a poco se fue congregando muchísima gente que llegaba entusiasmada para celebrar la proclamación de la II República en España.

Llegaban con alegría, con esperanza, y María Zambrano describió con intensa emoción esos momentos en su obra Delirio y destino. Sus palabras me recuerdan otros momentos actuales, vividos en primera persona, que desmienten el derrotismo que trata de minar la confianza en la capacidad que tenemos para cambiar lo que nos viene dado y con lo que no estamos de acuerdo.

Cuando oigo decir que “todo da igual”, que “las cosas han sido, son y serán siempre así”, me rebelo, porque tengo la evidencia de que es mentira. Pienso en momentos políticos recientes que nos muestran cómo no hay que dar nunca nada por perdido, mientras estés decidida a sostenerlo en relación con otras y con otros para que no se pierda. Siempre queda la posibilidad de hacer algo, lo que está en tu mano, que es más de lo que imaginamos: un algo que cuando nos ponemos a ello nos transforma y transforma la realidad entera, porque tú eres una parte de esa realidad, que ya está cambiando cuando cambias tú.

Evocar el 14 de abril de 1931 me lleva a pensar en las manifestaciones contra la guerra de Irak, particularmente la que celebramos en Madrid el 14 de febrero de 2003, que también desembocó en la Puerta del Sol con un sentimiento compartido de alegría y de esperanza en nuestra libertad para cambiar el curso de las cosas.

Ese día sentí que podemos transformarnos y transformar la realidad entera sin armas y sin violencia, solo con la palabra, el compromiso y  las propuestas que ya hacemos las mujeres cada día de crear y sostener la vida sin destruirla. Es verdad que enseguida se han producido muchos retrocesos, no se han reducido los gastos militares, se convocan miles de plazas para aumentar el ejercito, se juega engañosamente con las palabras de paz, igualdad y ayuda humanitaria. Incluso se utiliza la capacidad relacional y de crear vida de las mujeres para simbolizar, con el nombramiento, aceptado por su parte, como ministra  de defensa, de una mujer embarazada en ese momento, para tratar de demostrar que la paz que buscamos tantas mujeres y algunos hombres se puede conseguir con nuestra complicidad a través de la guerra, lo cual sabemos que es imposible. Pero también es verdad que con todo ello hemos vuelto a recordar que no todo está perdido y que hay que seguir trabajando para que no se pierda. 

En la II República muchas mujeres aportaron lo mejor que tenían buscando una vida digna para todo el mundo y formas más humanas de convivencia. Cuando sus ideales se vieron amenazados siguieron creando, trabajando, muchas sufrieron penurias terribles e incluso perdieron la vida, y aunque algunas llegaron a empuñar las armas no es esto lo que celebramos hoy aquí. Como escribió María Zambrano, y siempre nos gusta recordar,  el grito de ese día era “¡Viva la República!”, y cuando alguien fue a pronunciar un “Muera...”, enseguida rectificó y dijo “Que no muera nadie, que viva todo el mundo”. Este es el espíritu de la República que celebramos hoy aquí, el espíritu que sostiene que pueda vivir todo el mundo en paz y con dignidad.

En el momento actual, de gran desconcierto político y económico y de gran sufrimiento para mucha gente, donde parece que todo se confunde y da lo mismo una cosa que otra, celebrar a las mujeres que sostuvieron los mejores ideales de la República es orientarnos en el presente con sus vidas, sus obras y su pensamiento.

Por eso, para celebrar la vida que ellas sostuvieron, Ana Domínguez, junto con otras mujeres de Entredós entre las que me encuentro, ha propuesto sostener este acto de memoria, de homenaje y de recuperación de nuestra genealogía femenina, trayendo aquí cada año las biografías de mujeres republicanas, conocidas y menos conocidas, que nos han  dejado un legado de paz, de belleza y de sensatez en medio de la barbarie. Las mujeres que desmintieron que todo estaba perdido, pues gracias a ellas estamos nosotras aquí para decir hoy que es posible que viva todo el mundo en paz y con dignidad y que estamos comprometidas en conseguirlo.