Ana Mañeru Méndez
Hace
setenta y ocho años, muy cerca de aquí, de Entredós, en la Puerta del Sol de
Madrid, poco a poco se fue congregando muchísima gente que llegaba entusiasmada
para celebrar la proclamación de la II República en España.
Llegaban
con alegría, con esperanza, y María Zambrano describió con intensa emoción esos
momentos en su obra Delirio y destino. Sus palabras me recuerdan otros
momentos actuales, vividos en primera persona, que desmienten el derrotismo que
trata de minar la confianza en la capacidad que tenemos para cambiar lo que nos
viene dado y con lo que no estamos de acuerdo.
Cuando
oigo decir que “todo da igual”, que “las cosas han sido, son y serán siempre
así”, me rebelo, porque tengo la evidencia de que es
mentira. Pienso en momentos políticos recientes que nos muestran cómo no hay
que dar nunca nada por perdido, mientras estés decidida a sostenerlo en
relación con otras y con otros para que no se pierda. Siempre queda la
posibilidad de hacer algo, lo que está en tu mano, que es más de lo que
imaginamos: un algo que cuando nos ponemos a ello nos transforma y transforma
la realidad entera, porque tú eres una parte de esa realidad, que ya está
cambiando cuando cambias tú.
Evocar el 14 de abril de 1931 me lleva a pensar en las manifestaciones contra la guerra de Irak, particularmente la que celebramos en Madrid el 14 de febrero de 2003, que también desembocó en la Puerta del Sol con un sentimiento compartido de alegría y de esperanza en nuestra libertad para cambiar el curso de las cosas.
Ese
día sentí que podemos transformarnos y transformar la realidad entera sin armas
y sin violencia, solo con la palabra, el compromiso y las propuestas que ya hacemos las mujeres
cada día de crear y sostener la vida sin destruirla. Es verdad que enseguida se
han producido muchos retrocesos, no se han reducido los gastos militares, se
convocan miles de plazas para aumentar el ejercito, se
juega engañosamente con las palabras de paz, igualdad y ayuda humanitaria.
Incluso se utiliza la capacidad relacional y de crear vida de las mujeres para
simbolizar, con el nombramiento, aceptado por su parte, como ministra de defensa, de una mujer embarazada en ese
momento, para tratar de demostrar que la paz que buscamos tantas mujeres y
algunos hombres se puede conseguir con nuestra complicidad a través de la
guerra, lo cual sabemos que es imposible. Pero también es verdad que con todo
ello hemos vuelto a recordar que no todo está perdido y que hay que seguir
trabajando para que no se pierda.
En la II República muchas mujeres aportaron lo mejor que tenían buscando una vida digna para todo el mundo y formas más humanas de convivencia. Cuando sus ideales se vieron amenazados siguieron creando, trabajando, muchas sufrieron penurias terribles e incluso perdieron la vida, y aunque algunas llegaron a empuñar las armas no es esto lo que celebramos hoy aquí. Como escribió María Zambrano, y siempre nos gusta recordar, el grito de ese día era “¡Viva la República!”, y cuando alguien fue a pronunciar un “Muera...”, enseguida rectificó y dijo “Que no muera nadie, que viva todo el mundo”. Este es el espíritu de la República que celebramos hoy aquí, el espíritu que sostiene que pueda vivir todo el mundo en paz y con dignidad.
En
el momento actual, de gran desconcierto político y económico y de gran
sufrimiento para mucha gente, donde parece que todo se confunde y da lo mismo
una cosa que otra, celebrar a las mujeres que sostuvieron los mejores ideales
de la República es orientarnos en el presente con sus vidas, sus obras y su
pensamiento.
Por
eso, para celebrar la vida que ellas sostuvieron, Ana Domínguez, junto con
otras mujeres de Entredós entre las que me encuentro, ha propuesto sostener
este acto de memoria, de homenaje y de recuperación de nuestra genealogía
femenina, trayendo aquí cada año las biografías de mujeres republicanas,
conocidas y menos conocidas, que nos han
dejado un legado de paz, de belleza y de sensatez en medio de la
barbarie. Las mujeres que desmintieron que todo estaba perdido, pues gracias a
ellas estamos nosotras aquí para decir hoy que es posible que viva todo el
mundo en paz y con dignidad y que estamos comprometidas en conseguirlo.