14
de Abril de 2009
Buenas
noches, compañeros y compañeras republicanas.
Me llamo Ana Domínguez Loschi y soy de la
Librería Mujeres de Madrid, además de matrona de la Fundación Entredós.
En 1996,
con la colaboración del Instituto de la Mujer, la Librería Mujeres organizó el
primer homenaje a las mujeres republicanas. Que fuésemos feministas no era
casual. Siempre lo recuerdo con gran emoción.
A partir
de 2002 hemos seguido celebrando ese día en Entredós, con todas sus mujeres, y
sigue siendo una emoción enorme. Muchas socias de la Fundación han ayudado a
preparar esta celebración: Raquel Martín, Olvido López, Elena Piedrafita, Miren
Elorduy, Paloma Cirugeda, Alicia García, Milagros Montoya, Tania R. Manglano,
Ana Mañeru, Gemma del Olmo… Todas ellas han aportado su cariño y su deseo para
que este acto sea posible.
Entredós
es un lugar imaginado y hecho realidad por un grupo de mujeres que se comprometieron
para fundar y sostener un espacio que se sustenta en la relación y en el deseo
de hacer política de mujeres en primera persona. No en representación de las
mujeres, sino cada una con voz propia… Con voz propia, no en representación de
las mujeres… Esta afirmación, que parece nada, es una de las apuestas más
difíciles en Entredós y a la vez una de las más sorprendentes.
Entredós
va camino de cumplir siete años con 243 socias que lo apoyan mensualmente y
centenares de mujeres que ya la conocen. Sin bancos, sin subvenciones, sin
partidos… libres.
Hace 78
años, el 14 de abril, un pueblo lleno de fervor aclama la República. La mitad
de este pueblo son mujeres: aún no tienen derecho al voto pero lo conseguirán
antes que en muchos países europeos gracias al empeño de Clara Campoamor. En
1933 pueden votar por primera vez y en 1936 gana el Frente Popular, también
gracias a ellas.
Quizás
podríamos esta noche imaginarnos a un grupo de muchachas. Han quedado muy
prontito en la escuela de costura cerca de Cuatro Caminos. Su maestra les ha
explicado que, si gana la República, todo será mejor para las mujeres ya que
conseguirán el derecho al voto, poder casarse por lo civil, divorciarse, que
los hijos naturales o no gocen de los mismos derechos, la patria potestad compartida,
protección a la maternidad, la posibilidad de decidir sobre su propio cuerpo
con el derecho al aborto y, sobre todo, enseñanza laica, libre, igualitaria
para todas ellas, que podrán convertirse en maestras, abogadas, archiveras,
médicas, aviadoras, diputadas…
Han
llegado muy prontito con sus ondas en el pelo, han compartido unas gotas de
agua de rosa y un barra de carmín.
Sus
vestidos de flores vuelan con la suave brisa de la primavera y, cogidas del
brazo, suben por la calle Atocha, giran en Esparteros y, para evitar el gentío,
se meten por una callejuela, quizás esta misma del Marqués Viudo de Pontejos.
Entre
risas, una de ellas se ajusta el calcetín apoyándose en una verja… quizás la
puerta de Entredós, sin sospechar que 78 años después estaríamos todas nosotras
aquí, recordando ese día.
Han
apresurado el paso, casi llegan corriendo a Sol, no pueden dar crédito a lo que
ven sus ojos: la Puerta del Sol está desbordada de gente, la calle Alcalá es un
grito de esperanza, en el Torreón del Palacio de Comunicación ondea la bandera
republicana… Unas calles más allá, quizás con sus vestidos floreados ondeando
con la suave brisa de la primavera, están María Zambrano y su hermana… La
filósofa malagueña nos ofrece en su libro Delirio y destino una preciosa
imagen:
“Aquel
14 de Abril fue tan hermoso como inesperado; salió el día en estado naciente;
es decir nació: hasta el día, hasta las nubes, hasta la gente. Creo yo que era
la caridad del día. Pero si esa caridad del día se dio precisamente el 14 de Abril,
y si lo que nació de ese día naciente
fue la República, no puede ser por azar. Las gentes sólo pensábamos –es muy
cursi, lo sé– en amarnos, en abrazarnos sin conocernos. Llorábamos de alegría,
unos y otros, en la Puerta del Sol… es el mismo grito que oímos mi hermana y yo aquel 14 de Abril: ¡Que viva
la República! ¡que no muera nadie! ¡que
viva todo el mundo! ¡que viva la vida! Y no sé –quisiera ser fiel– si no se dijo ¡que
viva el amor! Quizá se dijo, pero yo no me atrevo a afirmarlo…”
Este
texto, que siempre leemos en un día como hoy, demuestra quizás el infinito
deseo de María Zambrano de que la República hubiese sido así. Y aunque suene,
como dice ella, un poco cursi, ese deseo se funde también con el nuestro y con
una propuesta que Ana Mañeru Méndez, matrona de la Fundación Entredós, nos va a
ofrecer a continuación.
Esta
noche tenemos el honor de contar con la presencia de Angustias Martínez y
Carmen Arrojo, aquí, a mi lado, pero también están Lola Pérez, mi compañera de
la Librería, y Mari Luz Alonso Mateos, republicanas convencidas, sentadas con
vosotras.
Cuando
hablan de recuperar la memoria histórica de esos terribles años, que no se
olviden de las mujeres. Ellas tienen mucho que contar, aunque no fanfarroneen
de todo lo que tuvieron que aguantar.
De entre
todas esas “gentes” que lloraban de alegría en la Puerta del Sol, como cuenta
María Zambrano, ninguna podía sospechar de la barbarie, de la guerra, de la
represión, del dolor que les esperaba.
Carmen y
Angustias, las dos maestras, han vivido muchos años… de compromiso… de lucha…
de esperanza, y están aquí para contarnos qué recuerdan de ese 14 de Abril de
1931. Ellas son nuestra memoria.