TIEMPO PARA COMPARTIR POESÍA.
Ana Mañeru Méndez.
Revista “Crítica”, marzo
de 2006.
El hecho de fundar tiene
que ver con crear aquello que deseas y no existe, reconociéndote origen de lo
nuevo que has traído al mundo; esta es una experiencia de la que tenemos muchos
ejemplos en las vidas femeninas de todos los tiempos: desde crear una nueva
vida y sostenerla de forma comprometida y continuada, como hace cada madre, a
procurarnos formas de vida que no están previstas en el orden dado y que hemos
tenido que ir inventando en cada tiempo histórico.
Así
ha nacido en Madrid, el 12 de octubre de 2002, a principios del siglo
veintiuno, la Fundación Entredós[1],
a partir de un deseo de Elena Lasheras Pérez, compartido con otras mujeres
cercanas a la Librería Mujeres y
a la editorial feminista horas y Horas, creada por ella junto con Ana
Domínguez Loschi.
Entredós
es una invención política femenina: es el nombre que le hemos dado a nuestraa
práctica política, mediante la cual mantenemos relaciones entre mujeres capaces
de crear y sostener esta fundación; un lugar de encuentro que facilita la
circulación de autoridad femenina, donde la confianza y la palabra tienen
prioridad para intercambiar una sabiduría que no separa la razón de la vida
ni el cuerpo del pensamiento; un lugar
donde hacemos sitio a las creaciones artísticas que nos dan placer y a las formas de estar en el mundo que no son
violentas, en las que el poder y los
criterios de beneficio económico no son nuestros criterios de medida.
Entredós ha nacido y se
nutre del deseo de las mujeres que somos socias y que aportamos trabajo y
dinero, porque para preservar nuestra libertad de los partidos políticos, de
los sindicatos y de otras instituciones empresariales y bancarias, hemos
elegido no recurrir a las subvenciones ni a los patrocinios que alteren el
hacer de esta Fundación.
Se
trata de un hacer político en primera
persona que nos transforma a cada una de nosotras y, por tanto, transforma el
mundo, es decir, no hacemos política de representación. Cada una habla en
nombre propio, no en nombre de otras ni representándolas. Para eso cada una
tiene que ponerse en juego en primera persona en todo lo que hace, dice y decide emprender en relación con otras.
Para
nosotras, una forma de llevar adelante esta
política es convocar la belleza siempre que es posible y las que somos
poetas lo hacemos menudo en el espacio Compartir poesía, que está al
cuidado de Graciela Hernández Morales[2].
Este es el nombre que le
hemos dado a una relación viva de poetas vivas, que nos hemos ido buscando y
encontrando, desde que se creó Entredós, para reunirnos quincenalmente y darnos
medida unas a otras sobre nuestra obra, mientras disfrutamos de las últimas
creaciones de las demás y damos a conocer las nuestras.
Solemos
reunirnos unas ocho o diez, pero no es un grupo cerrado, ya que pueden venir
otras que hayan establecido relación con alguna de las que estamos allí, que
hace de introductora y mediadora con las demás a la recién llegada. Tampoco es
un grupo abierto a cualquiera, porque necesitamos la intimidad y la confianza
que nos da la frecuentación y la relación continuada, por eso pedimos a la que llega que comparta con
nosotras el amor a la palabra poética que dice con verdad y que se acerque con
una actitud de reconocimiento de autoridad a la práctica de las que ya estamos
allí, poniendo a disposición de las otras la obra que ella trae: para que
podamos disfrutarla, para que pueda aprender con nosotras y también para
enseñarnos lo que ella sepa.
La
experiencia de asistir a Compartir poesía, de preparar una lectura pública
o de seleccionar poemas para su publicación, es una de las cosas más felices
que me han ocurrido desde hace mucho tiempo con la poesía. La disparidad entre
nosotras es muy grande en cuanto a experiencias, orígenes, saberes, formas y
estilos creativos y fuentes de inspiración. Sin embargo, quincena tras quincena
hemos conseguido preservar intacta esa disparidad, que es nuestra riqueza, a
pesar de que todo el tiempo estamos intercambiando, dando y dejándonos dar por
las otras y opinando con mucha libertad sobre la creación de cada una.
El
amor y el talento de la poeta que está
comprometida con la existencia de este espacio, porque ella está en el origen
como lo está una madre, mantienen en cada encuentro la atención a lo singular
de cada una de nosotras y el rigor y la búsqueda de la perfección, que hacen
que surja lo nuevo y crezca lo que ya está, de modo que a las que estamos allí
nos resulte imprescindible hoy la relación que ahora tenemos. Pero eso no es
todo, pues cada encuentro nos frena a cada una del trajín de nuestras vidas y
nos hace detenernos ante nuestra obra, de forma que nos atrevemos a darle valor
y a tomarla y tomarnos en serio. Cada encuentro se convierte en una celebración
del don recibido, una vez que reconocemos que el don de la poesía está en
nosotras, lo cual no es fácil al principio porque supone un compromiso con la
palabra que asusta un poco. El primer compromiso es ordenar tu escritura que
suele andar en hojas sueltas, en márgenes de libros, en cuadernos sin terminar,
que es una forma de aplazar el asumirte como poeta; consiste en reconocer que
no puedes dejar al azar ni una sola palabra, porque cada una merece tu tiempo y
tu respeto, ya que nada da igual ni un punto ni una coma ni una rima ni una
mayúscula ni nada.
El
segundo compromiso, de los muchos que ya hemos adquirido, es respetar
enormemente la escritura de cada mujer y, por tanto, decir la verdad de lo que
sentimos al escucharla. Este es un decir muy delicado en el que si está
presente el amor siempre hay una ganancia, para la que dice y para la que ha
escrito. Cuando el juicio se da en un contexto de amor a la obra de la
otra, quieres que ella sea grande, como
quieres serlo tú también, sin entrar a rivalizar, porque la creación no se
puede comparar, ni tiene sentido decir que eres más, igual o menos que otra
cuando eres capaz de escuchar de cada una su voz; entonces se hace visible el
legado que cada una lleva consigo, algo que tiene que ver con la originalidad,
con el hecho de haber sido dadas a luz por nuestra madre como criaturas únicas,
en este caso con el don de la poesía, de modo que la palabra ha germinado
misteriosamente en nosotras hasta convertirnos en poetas, reconocibles las unas
por las otras.
Otros
compromisos son reunir nuestra obra, hacerla legible a otras y a otros, superar
el pudor de decir en voz alta un poema; además de ser compromisos, estas son
las primeras ganancias que ya compartimos en esta relación que hemos creado.
Pero lo son también buscar medida y
darla cada vez que otra te la pide, en vivo y en presencia siempre que podemos,
porque la emoción del cuerpo al decir el poema es muy importante; sin recurrir
a ningún artificio ni a ningún canon, solo con la libertad y la simpleza que da
el amor; esto es algo que nos da seguridad y que apoya la originalidad mental y
creativa de cada una de nosotras.
Otra
ganancia, que además de no haberla previsto no esperábamos que fuera tan
significativa, pues se trata de una asociación insólita pero muy feliz, es la
aparición de la risa en todos nuestros encuentros. La risa nos sorprende cada
día al lado de la palabra más sublime, del poema más perfecto. Esto en la
tradición es algo prohibido, pues se interpreta la risa siempre como reírse de
algo o de alguien, y no como reír de felicidad, de acierto, de la soltura que
sientes, de la libertad, de la grandeza de la otra o de la tuya propia, que a
veces te sobrepasan y que solo puedes acoger riendo, como hace una criatura
cuando se asombra de lo que ha sido capaz: decir una palabra nueva, andar sin ayuda, acertar una pregunta, hacer
un castillo en la arena... En Compartir poesía , lo último que
esperábamos era que nos íbamos a reír cada día y que lo íbamos hacer a
carcajada limpia, y esta expresión es literal, porque es una risa que fluye
limpia, hasta que se nos saltan las lágrimas. Pienso que esto tiene que ver con
una forma de crear muy libre que algunas mujeres ponemos hoy en el mundo cuando
nuestras mentes ya no le dando crédito
al patriarcado. Es, por tanto, una forma de crear y de amar que se da con este
final del patriarcado[3],
que también prohibía, entre otras muchas cosas, la risa femenina en el amor,
por el miedo de los propios patriarcas
a que se estuvieran riendo de ellos.
Conmovernos
con el juicio de otra y movernos, es decir cambiar con humildad algo de nuestra
obra que ella nos señala como mejorable; aprender de la palabra, de la
cadencia, del gesto de otra mujer que es más grande que tú, todo esto y mucho
más hemos fundado y mantenemos en Compartir poesía; algo a la medida de
nuestro deseo y que estaba al alcance de nuestra mano crear. Solo era necesario
confiar, creer en la enorme potencia del deseo femenino libre y de la práctica
política de las relaciones entre mujeres que se orienta para conseguirlo:
confiar en la política de las mujeres, que es capaz de “Traer al mundo el
mundo”[4].
Porque esto es exactamente lo que ocurre cuando intercambiamos los poemas que
escribimos, de los cuales he entresacado algunos versos para dejar un rastro de
la voz de cada una de nosotras.
(...)incluso antes de
nacer
eras premonición de ave.(...)
Pamela Pérez Bernal
(...)Sus miradas sigilosas
escudriñan el
silencio
Ya no buscan
palabras
para entender el
aire
Respiran. Graciela Hernández Morales
(...)La playa te parió
promesa para mi sed
naciste con el agua en tus brazos(...) María García Zambrano
el efecto letal de tu sonrisa
cuando no viene a
cuento.(...) Ana Montojo
Algo
fue extraordinario
y
brilló un sol exacto.(...) Ana Mañeru
Méndez
(...)y sin decirnos nada su ser nos interroga,
nos toca, nos compone, nos
derrumba... Marina Tapia Pérez
En este espacio
te derramas.
Me dotas
de contornos. (...)
Bea Barón
(...) Repaso la lista,
y siempre pendiente,
en todas ellas,
me faltas tú. Stella
García Bastiaans
[1] Mª Milagros Montoya Ramos y Miren Elorduy Cádiz (eds.) Textos Entredós nº 1, Madrid, Fundación Entredós, 2003.
[2] Graciela Hernández Morales, Poemas en: De raíz, Madrid, horas y Horas, 2002; Duoda. Revista de estudios feministas nº 26
[3] Librería de mujeres de Milan, El final del patriarcado, Barcelona, Pròleg, 1996; La cultura patas arriba, Madrid, horas y Horas, 2006 (en prensa)
[4] Uso aquí las palabras que eligieron para titular una de sus obras las mujeres de la comunidad filosófica femenina Diótima de la Universidad de Verona, Barcelona , Icaria, 1995