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Uno de los rasgos distintivos de la naturaleza
humana es la posibilidad de ser consciente de
una misma. A través de la
adquisición de conciencia de sí, las personas construimos nuestra identidad,
identidad que por una parte permite diferenciarse de las demás y, por otra,
establecer las relaciones interpersonales.
El concepto de una misma está en la base de la AUTOESTIMA, entendiendo ésta como la suma de
juicios que una persona tiene de sí: lo que cualquier mujer se dice a sí misma
sobre sí misma. Es decir, la AUTOESTIMA, sería
el grado de satisfacción consigo misma. Pero
ninguna definición personal es neutra, sino que implica un juicio de valor positivo
o negativo. Sin duda, el punto de partida de la valorización personal se
encuentra en el juicio de otras personas, especialmente de aquellas
significativas. Mientras más importante sea una persona para mí, mayor valor
tendrá su opinión, y por lo tanto, afectará de manera más decisiva la
percepción que me vaya formando de mí misma.
El concepto de autoestima depende de los siguientes
factores:
• El sentido de la seguridad. Se forma poniendo límites
realistas y fomentando el auto-respeto y la responsabilidad.
• El sentido de identidad. Se logra demostrando
afecto y aceptación, y entregando retroalimentación a través del reconocimiento
de las fortalezas individuales.
• El sentido de pertenencia. Se desarrolla fomentando
la aceptación, las relaciones entre las personas en sus entornos inmediatos, la
incorporación al trabajo y la estructuración de un ambiente adecuado.
• El sentido de propósito. Se logra permitiendo y
ayudando a fijar metas, a través de la comunicación de las expectativas y de
establecer una relación de confianza y credibilidad en la persona.
• El sentido de autonomía. Se favorece ayudando a
realizar las propias opciones y decisiones.