Una autoestima feminista como alternativa a la autoestima conservadora.
La preocupación por la autoestima surge tras la segunda guerra mundial entre mujeres y hombres solidarios y conscientes urgidos en reparar los daños en ellos mismos, en las personas y en las comunidades sobrevivientes. Quisieron hacerlo con un horizonte abierto, no vengativo y se proponían lograr que nunca más se repitiera el genocidio. Tratar la autoestima de esta forma tuvo como recurso y fundamento pedagógico una filosofía política de los derechos humanos y de la paz.
En Estados Unidos, organizaciones negras tomaron conciencia de que no podían enfrentar el racismo y lograr su eliminación sin modificar su propia conciencia. Por ello fue preciso desprenderse de la identidad ignominiosa que les había sido asignada y desarrollar una autoestima en correspondencia con su condición humana. Sólo podían lograrlo si, de forma simultánea, participaban en movimientos civiles por la consecución y vigencia de sus derechos.
Contribuir al desarrollo de la autoestima de las mujeres es una pauta de las acciones de género en todo el mundo. Lograrlo es, de hecho, un avance y tiene un sentido político ligado a la acción emancipadora y libertaria de las mujeres. Sin embargo, la derecha que también se ocupa de la autoestima y del desarrollo humano, con el uso de esas categorías encubre su verdadera intención: promover una suerte de autoestima espiritual cifrada en una voluntad manipulable, a cambio de no transformar el mundo ni las condiciones de vida de las mujeres y de los hombres.
Desde hace varias décadas, mujeres de todo el mundo han planteado la necesidad de reparar las heridas y eliminar los sufrimientos provocados por la violencia de género, la asfixia y la falta de alternativas debidas a la opresión. Esta conciencia y el sentirse bien aquí y ahora, son signo de la causa feminista de las mujeres. Con el avance y la capacidad real de incidir en cambios a favor de las mujeres, se ha ido estableciendo una vía política para lograrlo.
En fin, las mujeres están decididas a apropiarse el derecho a pensar por si mismas y a democratizar la atención de la subjetividad femenina desde una perspectiva feminista.
Por ello, nos dice Marcela Lagarde en su libro, "como nos abocamos a transformar radicalmente el mundo, cada una precisa, así mismo, cambiar radicalmente. Para las feministas, cada mujer es la causa del feminismo. Cada mujer tiene el derecho autoproclamado a tener derechos, recursos y condiciones para desarrollarse y vivir en democracia. Cada mujer tiene derecho a vivir en libertad y a gozar de la vida".
En la primera parte de este libro, Marcela Lagarde nos da las claves para contemplar una autoestima diferente de la que habitualmente se edita, "de derechas" nos dice ella, claves históricas, con un fundamento crítico y feminista. La segunda parte del libro la dedica a los talleres propiamente dichos esplicitando metodologías, dinámicas y recursos para llevarlos a cabo. Herramientas para ponerlos en práctica tan interesantes como el espacio y el tiempo para evocar, pensar, sentir, hablar o callar, si alguien lo precisa, y estimular la escritura, sin importar como la haga cada quien, como recurso de autoanálisis, de reflexión personal y de creación de alternativas para la propia vida. Escribir, nos dice, ayuda a desarrollar el pensamiento complejo y a incorporar lo contradictorio y lo inverosimil. Es un espejo de agua para mirarse y un testimonio de la experiencia entrañable que se ha vivido.
1.900 ptas - 219 pgs.
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