Juana Ginzo fue la estrella de la radio de los años 60 con Ama Rosa, pero también con Nora, la protagonista de la obra teatral Casa de muñecas, de Ibsen, y el ciclo radiofónico sobre Shakespeare. Actualmente, a sus casi ochenta años, colabora con el programa de Nieves Herrero y acaba de publicar su primer libro, Con un montón de años.
¿A qué te dedicas actualmente?
Ahora vivo en Altea, colaboro en la radio con el programa de Nieves Herrero y estoy muy bien. ¿Qué crees, que ahora podríamos competir con Médico de familia? Con Ama Rosa quizá, pero con Shakespeare... Y bueno, yo tendría que ser una frustrada, porque yo para el público soy Ama Rosa, no soy Nora de Casa de muñecas, ni La malquerida, ni Lady Macbeth, ni una de las hijas del Rey Lear, ni Desdémona, todos papeles de los que me siento más orgullosa. Pero aquí me tienes, tan contenta.
Con casi ochenta años, ¿cómo ves la gente de tu edad?
Yo reivindico el término vejez, no me gusta nada lo de tercera edad. Y ahora nos llaman mayores, ¿mayores que una mesa?, ¿mayores que una silla?, ¿mayores qué que? El gobierno nos quiere bailar el agua pero luego sólo nos dan veinte mil pesetas una vez en la vida.
También hablas en tu libro de que hay que perder el miedo al ridículo.
Si, sentido del ridículo no he tenido nunca porque si no, lo hubiera hecho constantemente. Yo visto igual que hace cuarenta años, y entonces chocaban más las zapatillas blancas y los pantalones, y no existían los forros polares, pero usaba jerseys parecidos. Yo me empecé a poner la ropa que llevaba para la sierra, por el frío que hace en Madrid. Y cuando te has acostumbrado a ir contracorriente también te acostumbras a que te vean como quieran, pero no le das importancia. Son opiniones que no valen para nada, frívolas y gratuitas, porque son de gente que no te conoce.
¿A quién va dirigido tu libro?
Es una lectura para todos, pero no sé muy bien lo que es. Me sorprendió muchísino que me ofrecieran escribirlo desde Planeta y también que fuera el tema que yo quisiera. Me di cuenta enseguida de que era sólo márqueting, porque ahora en literatura se lleva mucho eso. Pensaron que podía vender, fuera lo que fuera, y me propuse escribirlo a ver si me quedaba, por lo menos, digno. Y puse condiciones como no firmar en el Corte Inglés, no celebrar la presentación en un lugar grande, sino en la editorial con una rueda de prensa, y lo aceptaron todo.
¿Qué cuentas en este libro?
De alguna manera, he respondido un poco rebelde a los de Planeta. Ellos creían que el libro iba a hablar sobre la radio, con anécdotas y cosas que recordaran los viejos. Pero después leer lo que yo había escrito, les gustó a todos e hicieron una primera edición con mucha tirada. Además, la promoción se ha hecho sola, porque los medios se han volcado con el libro. Para la gente de Planeta ha sido una sorpresa, se enamoraron de mi y de mi libro, pero estaban muy descolocados. Ahora quiero escribir otro, sobre la pareja, porque llevo enroscada con Luis treinta años, pero sin sentido de propiedad, construyendo cada día la relación.
¿Qué opinas de la radio de hoy?
Estoy enamorada de la radio que se podría hacer, no de la que se está haciendo. Ahora tenéis toda la técnica y gente joven muy buena, sois generaciones de aparatos y sabéis mucho de música. Todos los sonidos que antes había que pasr horas y horas para conseguirlos, los tenéis ahora en un compact disc. Eso a mi me fascina, porque en poco tiempo se pueden hacer cosas estupendas y muy didácticas. Pero no se hace, el empresario va a recortar gastos, cada vez hay menos personal en la radio y la gente va cada vez más a defender su puesto de trabajo haciendo setenta cosas, y las setenta mal. Además, hay muy mal profesorado en las escuelas, son puestos de poder que se dan por enchufe, muchos becarios y sueldos muy bajos. En los contenidos, se va cada vez más a la religión y a defender la familia tradicional, que ya es prácticamente indefendible. La gente de derechas se carga lo social, que es tan lento de construir, y no cuidan nada la educación.
¿Y las emisoras pequeñas?
Las emisoras pequeñas están muy contaminadas, no hay tiempo para preparar los programas porque el directo es mucho más barato. En la última emisora que estuve dije que no hacía la entrevista si no era grabada, y yo me quedé a ayudarles a montar. Porque la radio es como el cine, queda bien cuando has montado el material que tienes. En esta radio se quedaron encantados, pero el empresario dijo rápidamente que no, que el directo es más barato.
Sobre la radio, ¿qué te preocupa ahora?
Estoy estudiando la semiótica de Umberto Eco, porque el lenguaje es muy importante, define cosas. Ahora estoy repasando el diccionario de María Moliner y me encuentro cosas horribles. Ella define la homosexualidad como un vicio. Fíjate, una mujer inquieta, una mujer científica, estudiosa, que cae en esos errores, que no investiga. Y eso que este diccionario tiene definiciones más modernas que el de la Real Academia. Por eso estoy estudiando el lenguaje, por ejemplo con el tema de lo femenino y lo masculino, cómo se ha ido defiendo el contenido de ser hombre y ser mujer y cómo el hombre se ha ido apropiando de todo.
Has viajado mucho y durante toda tu vida has hecho deporte, ¿lo recomendarías a todo el mundo?
Yo creo que hay que hacer lo que a tí te guste. El deporte es sano, pero nada es la panacea. Hay que hacer lo que te de la gana, sin sentimiento de culpabilidad pero con responsabilidad. Mi libertad termina donde empieza la tuya. Hay que tener empatía, tener realmente solidadridad, compartir lo que sabes y lo que tienes. Sin sentido de propiedad, ni a nivel afectivo ni a nivel de nada.
¿Cómo ves a los hombres y las mujeres de hoy?
La diferencia es evidente. No hace falta decirlo. No hay que ser iguales, no lo somos y en la diferencia no está necesariamente lo bueno, pero tampoco lo malo. Me gustan las diferencias y la promiscuidad. En la radio ahora estoy defendiendo la promiscuidad femenina, nuestro cuerpo es nuestro y podemos hacer con él lo que nos dé la gana. También defiendo la Segunda República, porque yo soy una niña de la república, con mi madre anarquista y mi padre socialista, y de ellos aprendí muchas cosas. Yo lo he probado todo, por eso sé cosas, nunca me ha dado miedo nada, no me ha dado la gana de tener miedo de nada.
2.100 ptas. - 228 pgs.
|