Juan Goytisolo, Campos de Níjar
"Llegando al cruce de Rodalquilar -allí donde la víspera pasé en camión con el Sanlúcar, el paisaje se africaniza un tanto: cantizales, ramblas ocres y, a intervalos, como una violenta pincelada de color, la explosión amarilla de un campo de vinagreras. Después de hora y media de camino empiezo a sentir la fatiga. Por la carretera no se ve un alma. Sopla el viento y de los eriales surge como un canto de trilla, pero es seguramente una ilusión, pues cuando aguzo el oído y me detengo, dejo de escucharlo.
La carretera de Gata parte de las cercanías de El Alquián y corto a campo traviesa. Se presiente el mar hacia el sur, tras los arenales. El suelo está lleno de trochas que se borran lo mismo que falsas pistas. Sigo una, la abandono,retrocedo. Finalmente descubro un camino de herradura y voy a parar a una rambla seca, sembrada de guijarros.
Cuando llego, una banda de cuervos se eleva dando graznidos. Hay un cadáver descompuesto en el talud y el aire hiede de modo insoportable. Intento ir de prisa, pero las piedras me lo impiden. El cauce de la rambla está aprisionado. Entre dos muros. No se ve un solo arbusto, ni un nopal, ni una pita. Nada más que el cielo, obstinadamente azul, y el lujurioso sol que embiste, como un toro salvaje.
Al cabo de un centenar de metros, subo por el talud. Arriba, la vista se extiende libremente sobre el llano y parece que se respira mejor. El suelo es todavía pedregoso y sorprendo varias culebras. Me duelen los pies, y ,mientras ando, acecho el lejano mar de Gata ".
Juan Goytisolo Campos de Níjar Ed.Seix Barral,1973,p.43-44